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Director científico de la Agencia Espacial Europea

Günther Hasinger: «El sector espacial mundial bascula hoy hacia Europa»

 

Günther Hasinger: «El sector espacial mundial bascula hoy hacia Europa» - DAVID CASTRO

MICHELE CATANZARO
19/07/2019

Günther Hasinger (Oberammergau, Alemania,1954) se convirtió en director científico de la Agencia Espacial Europea (ESA) en febrero del 2018. Este físico alemán mira con confianza la reunión ministerial Space19+, que tendrá lugar en Sevilla en noviembre y en la cual los países miembros decidirán la inversión espacial europea para los próximos tres años.

—¿Qué papel ha jugado Europa en la carrera espacial?

—A partir de los 70, Europa empezó a desarrollar investigación espacial. La ESA nació en 1974. Pioneros como Johannes Geiss vieron que un esfuerzo conjunto [europeo] era bueno, inspirándose en el ejemplo del CERN. De hecho, antes que la bandera de EEUU, se puso sobre el suelo de la Luna una vela para el viento solar que formaba parte de un experimento europeo, en concreto suizo.

—¿Cuál es la posición actual de Europa?

—El baricentro del sector espacial se está moviendo lentamente hacia Europa. La NASA sigue dominando porque gasta seis veces más. Pero hay unas áreas en las cuales nosotros somos líderes. Por ejemplo, en la observación de la Tierra, con el programa Copérnico y la creación de los satélites Sentinel para monitorear el clima. En el área de navegación, tenemos el sistema de navegación Galileo, que es mejor que el GPS. Fuimos los primeros en aterrizar en un cometa y en Titán. Y podemos hacer astrometría de alta precisión con Gaia. En cualquier caso, la exploración del espacio es como una orquesta: nadie puede hacerlo todo. Por esto colaboramos con la NASA.

—A veces parece que Europa lleva a cabo una ciencia espacial de segunda.

–No es cierto. Europa tiene la fortaleza de poder hacer planes estratégicos a largo plazo con financiación asegurada. No estamos en riesgo de que se cancele una misión de forma improvisada. Somos unos colaboradores fiables para países como China e Israel. Pero esta estabilidad también dificulta que reaccionemos rápidamente. Cuando la NASA anuncia la vuelta a la Luna cuatro años antes de lo esperado, es complicado adaptarse.

—¿Cuáles son los puntos débiles de Europa?

—Dependemos de colaboradores internacionales para enviar humanos al espacio. Pero incluso la NASA depende de Rusia para enviar a sus astronautas [con los cohetes Soyuz]. La belleza y el problema de la ESA es que tenemos 22 estados miembros. A veces hay conflictos entre los intereses nacionales y los europeos: por ejemplo, cuando algunos países quieren trabajar directamente con la NASA sin pasar por Europa.

—¿Cuál es la relación de Europa con el principal actor emergente, China?

—Hay un programa de cooperación pequeño pero importante. En concreto, los proyectos de vuelo espacial humano y la construcción de una estación espacial. China es muy buena en reproducir conceptos conocidos, pero las nuevas fronteras tecnológicas siguen siendo difíciles para ellos. Por esto tienen ganas de cooperar.

—Es decir, Europa coopera con EEUU y China a la vez…

—En medio de la guerra fría, en Europa fuimos capaces de lanzar experimentos en la estación espacial rusa Mir. Mientras los dos bloques tenían sus cañones apuntándose, había científicos que trabajaban juntos. Esto ayudó a poner fin pacíficamente a la guerra fría. Si hay una relación humana es imposible dispararse. Lo mismo está ocurriendo con China. Las relaciones ayudan a aligerar las tensiones.

—¿Qué está en juego en el Space19+?

—La ESA tiene un programa obligatorio, que los países financian en proporción a su producto interior bruto, y otro opcional, que constituye el 90% de los recursos de la agencia. La parte obligatoria cubre la investigación científica, las actividades básicas y la plataforma de lanzamiento de Kuru. En la última década, el programa obligatorio ha sufrido. Es importante que en la reunión se consiga un incremento de inversión. Un 20% más en ciencia y actividades básicas permitiría invertir en infraestructuras y tirar adelante algunos proyectos.

—¿Qué proyectos dependen de esa financiación?

—Después de Juice, la misión a Júpiter que lanzaremos en el 2022, hay dos grandes misiones posibles: el observatorio de rayos X Athena y el de ondas gravitacionales Lisa. Queremos lanzarlos de forma seguida, para captar la radiación y las ondas gravitacionales al mismo tiempo. También queremos impulsar nuevos programas de seguridad.

—¿Cuáles?

—En primer lugar, sobre las tempestades solares, que afectan a los satélites. Queremos lanzar una misión llamada L5 [o informalmente Lagrange] para predecirlas. En segundo lugar, sobre los asteroides. La NASA enviará la misión DART hacia un asteroide que tiene una luna. La misión debería golpear esa luna y liberarla [de la atracción] del asteroide. Cuatro años después, la ESA quiere lanzar la misión HERA para analizar el cráter de impacto. En tercer lugar, sobre la basura espacial. Pretendemos demostrar que podemos sacar de órbita los satélites que se han convertido en basura. Quien consiga hacer esto podrá también reparar y recargar satélites operativos.

—¿Cree que los estados pagarán?

—Soy optimista. Hay un gran consenso en que la investigación de la ESA lo necesita. En España, Pedro Duque es un gran apoyo. Habrá más inversión desde España. Este país sigue teniendo algo de déficit que se borrará con su próxima inversión.