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vista oral por el homicidio del menor en almería

Gabriel sufrió «una violencia intensa», según la declaración de los forenses

Los golpes dejaron al niño indefenso e inconsciente una hora

 

Una agente de la Policía Nacional acompaña a la acusada. - EL PERIÓDICO

ÁNGELES VÁZQUEZ MADRID
17/09/2019

Con la autoría de la muerte de Gabriel Cruz ya clara, el juicio por el crimen de Rodalquilar (Almería) vivió ayer su sesión más esclarecedora, la que debe determinar a ojos de jurado si Ana Julia Quezada mató al niño de forma accidental o, como sostiene la acusación, hubo no solo premeditación sino también ensañamiento. Así se desprende del informe forense reclamado por la familia, que avala que Quezada empleó una violencia «extensa e intensa» contra el pequeño para acabar con su vida. Tras esta sesión, a puerta cerrada, el juicio llega hoy a su final con la lectura de las conclusiones de las partes y el turno de última palabra de la acusada.

Los peritos aportados por la familia Cruz, un intensivista y un experto en medicina externa que no vieron el cuerpo in situ sino que se basaron en los informes forenses, son tajantes al contravenir la autopsia oficial realizada por el Instituto de Medicina Legal (IML). Señalan que establecer como causa de muerte una simple «asfixia mecánica por sofocación manual», tal y como relató Quezada que hizo al tapar la boca y nariz de Gabriel con la mano, supondría «banalizar lo ocurrido», lo que «no es razonable y no es lógico» y lo que podría producir además «una victimización adicional a la pobre madre» del menor.

La discrepancia radica en los posibles golpes que recibió el niño antes de morir. La defensa considera que son compatibles con la agresión en el momento de taparle la boca, golpeándole contra una superficie plana. Sin embargo, los peritos de la familia consideran que esos golpes, que apuntan se produjeron con un objeto «contundente» y valiéndose de su «superioridad física», dejaron al niño indefenso e inconsciente casi una hora. Como ya dijo el abogado de la acusación en la primera sesión del juicio, el pequeño habría estado agonizando antes de que Quezada le asfixiara.

Para estos peritos, su informe aclara los hechos de aquel 27 de febrero y aporta pruebas de una violencia «extensa e intensa» sobre el niño. Para la defensa de Quezada, es simplemente parte de la estrategia judicial de la acusación «buscar un relato de lo sucedido escabroso, dramático y terrible». E insisten en que la versión que arroja la autopsia oficial «coincide mucho más con lo sucedido en Rodalquilar aquel trágico día».

La penúltima sesión del juicio permitió además tratar de concretar el daño psicológico que sufrieron los progenitores con la muerte del pequeño, no solo porque este perdiera la vida, sino porque además la autora del crimen estuviera durante varios días a su lado, dando ánimos y esperanza e incluso tratando de dar pistas falsas a los investigadores. «El daño es muy claro y ahí están los informes forenses, no lo digo yo», reiteró ayer el abogado de los padres. Por este delito, tanto acusación como fiscalía reclaman otros 10 años de cárcel que sumar a la pena de prisión permanente revisable, así como 600.000 euros de indemnización a los padres y 160.000 a la abuela.

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