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TRÁGICA PERFORACIÓN

Llega a juicio el 'caso Julen': ¿accidente o imprudencia?

Un año después de que la tierra se tragara al pequeño de tres años en Totalán, el dueño de la parcela se sienta en el banquillo / La defensa trató de inculpar al autor del pozo, a los servicios de rescate e incluso a los padres por no vigilar al niño

 

Un guardia civil, durante el operativo de rescate de Julen. - AFP / JORGE GUERRERO

JULIA CAMACHO
20/01/2020

A mediodía del 13 de enero de 2019, la Delegación del Gobierno informó de que un niño de dos años y medio, Julen Roselló, había caído por un pozo en la montaña de Totalán (Málaga). Un triste suceso que no hacía presagiar la lucha titánica que daría comienzo para, trece días después, rescatar al pequeño de las entrañas de la tierra gracias a una extraordinaria y compleja obra civil en la que participaron expertos de toda España. Un año después, un amigo de los padres que estaba aquella mañana con ellos preparando lo que iba a ser una alegre y soleada jornada de campo comiendo paella se sentará en el banquillo este martes acusado de homicidio imprudente por negligencia. La Fiscalía pide tres años de cárcel para David Serrano, que para exculparse trató sin éxito de repartir las culpas entre el pocero que realizó la perforación de casi 100 metros de profundidad, los técnicos encargados del rescate o incluso los padres por no vigilar adecuadamente al niño.

Aquel domingo, la caída del niño acaparó enseguida la atención, sobre todo al difundirse la primera imagen del pozo: un orificio de apenas 25 centímetros de diámetro que hizo dudar a muchos sobre si realmente el pequeño podía estar allí. Pero no fue hasta las cinco de la tarde cuando, gracias a un robot-sonda de una empresa de desatoros, se confirmaron los peores augurios: el suelo estaba a 71 metros de profundidad, donde la cámara topó con un tapón de tierra muy dura entre la que se confundía el paquete de gusanitos y el vaso de plástico que llevaba el menor al salir corriendo y escurrirse ante los ojos atónitos de su padre.

Comenzó entonces una lucha heroica contra la montaña, en la que a cada paso surgió una nueva dificultad. Las máquinas excavadoras no podían ascender a la finca al hundirse en el barro y la tierra. Se intentó romper con una piqueta en el extremo de una cuerda el tapón de tierra que Julen había arrastrado en su caída, pero fue en balde. Y tampoco funcionó la succionadora, que se atascó continuamente. Los medios se volcaron en unas labores de rescate que España vivió con el alma en vilo aferrada a la idea de que una bolsa de aire mantuviera con vida al niño con el convencimiento de que unos padres que ya habían perdido a un hijo pequeño (por muerte súbita en 1997) no podían perder ahora al otro.

Se inició entonces una de las mayores obras de ingeniería civil para arrebatar al niño de las fauces de la montaña, que no lo puso fácil. Trabajos que normalmente hubieran llevado años se concentraron en días, y se llamó a la Brigada de Rescate Minero de Asturias y a la empresa de geolocalización que participó en el auxilio de los 33 mineros de Chile. Los desprendimientos impidieron cavar en diagonal para acceder a Julen, por lo que se optó por abrir un hueco paralelo que se acabaría conectando con el punto donde estaba el cuerpo mediante un pequeño túnel. La dureza de la piedra de la zona dañó las maquinas perforadoras, traídas de los túneles de la M-40, y puso a prueba la paciencia y la pericia de los técnicos y expertos, que incluso diseñaron y crearon sobre la marcha una cápsula metálica para que bajaran los mineros que con pequeñas detonaciones serían los encargados de acceder hasta el punto donde estaba Julen. Un milagro que no se logró hasta la noche del 26 de enero, aunque fue incompleto ya que el niño no pudo ser rescatado con vida. Julen, dictaminó la autopsia, falleció tras la caída.

Rescatado el niño, tocó el turno de la investigación judicial. El fiscal acusa al dueño de la finca, David Serrano, de un delito de homicidio imprudente por cuanto no señalizó ni avisó debidamente a sus compañeros de excursión de la existencia del pozo, abierto en una zanja en forma de L donde debía ir un muro de contención frente a desprendimientos. El pozo además carecía de licencia o cualquier tipo de seguro, y existen dudas acerca de si estaba cubierto o no, un detalle clave de cara al proceso judicial que empieza el día 21 y que se prolongará durante seis días.

Según aseguró Serrano, lo tapó con dos ladrillos de hormigón, protección insegura por cuanto el niño acabó cayendo. "Jamás pensé que cabría un niño", dijo entonces entre lágrimas. Pero no convence al fiscal. "A sabiendas" de la existencia del pozo, de su falta de visibilidad "y de la falta de protección suficiente y adecuada", el dueño de la finca no hizo nada para advertir del riesgo, "poniendo en peligro la vida de los dos menores; su propia hija y la de Julen, que finalmente cayó por él, narra el escrito de acusación. Su defensa, en cambio, se aferra a que era imposible prever lo que ocurrió, y no ha dudado en señalar lo que considera errores del rescate.

La acusación que ejercen José y Vicky, los padres de Julen, mantienen que no fueron informados de la existencia de ese pozo, y reclaman tres años y medio de prisión para quien fuera su amigo por lo que consideran una negligencia "extremadamente grave". Refugiados en su vivienda de El Palo, una barriada humilde de Málaga, y entre continuas muestras de cariño, ambos lloran a su hijo y tratan de cerrar página y rehacer su vida cuanto antes.