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PERFIL

Una macroescuela en red

 

Salman Khan en una visita al colegio Inmaculada de Gijón, el jueves. - EFE / JUAN GONZÁLEZ

EDUARDO GARCÍA
19/10/2019

Salman Khan les pone nombre: brechas. Si se añade un apellido optativo mejora la comprensión: de conocimiento. Las brechas de conocimiento -el que prefiera puede cambiar la palabra por grietas- son un enemigo silencioso al que no le gustan las batallas a campo abierto. Lo suyo es una labor de todos los días, una cocción a fuego lento.

Salman Khan(Nueva Orleans, Estados Unidos, 1976) nunca las ha sufrido, aunque esta semana reconocía en Oviedo que cuando llegó a la universidad le tocó dar unos cuantos pasos atrás para repasar conceptos. Quizá puro formalismo académico en un matemático, ingeniero electrónico e informático, que estudió en el MIT, que es máster en Dirección de Empresas y analista financiero en la Universidad de Harvard, y que puso en marcha una web educativa con seguidores en casi 200 países. Todo el planeta en torno a las Matemáticas.

Las brechas tienden a volverse socavones en el aprendizaje matemático. Hablando con Salman Khan, premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2019, uno piensa que aquí, en España, no somos tan diferentes a otros países. Nos unen los problemas. Y las limitaciones del modelo docente.

«La pedagogía de las Matemáticas responde a un sistema tradicional en todo el mundo en el que el profesor expone el temario, el alumno escucha y hace sus deberes en casa; un día tras otro y, al final, llega el examen y cada cual saca su nota. Cuando falla un concepto y no se soluciona ese fallo, llega la brecha».

Y con ella el muro psicológico. «Esto es muy difícil», «a mí las Matemáticas no me entran», «yo no sirvo para esto», «los números se me dan fatal»… «La sociedad transmite muchas veces esa impresión y entonces nos enfrentamos a dos grandes muros. Uno, la forma que tenemos de enseñar y aprender; otro, cierto estigma cultural». Salman Khan habla de «tiempos de aprendizaje» y de «velocidad de comprensión». Su plataforma digital Khan Academy tiene unos 70 millones de usuarios de todas las edades y procedencias. También de todos los niveles, el que cada cual quiera, necesite o alcance. Una especie de «colegio» en red que ofrece material educativo gratuito y que pretende «ser ese tutor que muchas familias no se pueden permitir tener», asegura el galardonado.

«Enseñar Matemáticas a un grupo de alumnos a la misma velocidad docente no es bueno», dice el profesor con más alumnos del planeta. No solo no es bueno, sino que es imposible, salvo en una clase uniforme y compacta, con las mismas necesidades y aspiraciones académicas. La Khan Academy sirve a alumnos y profesores y sus contenidos pueden leerse en más de 30 idiomas.

La aplicación, subraya su fundador, llega ahora a muchas zonas rurales donde ni siquiera es posible una escolarización en condiciones. Nada que ver con nuestro primer mundo. Y, en todo caso, señala, «la tecnología, bien empleada, humaniza».

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