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la calidad del aire

Las mascarillas antipolución protegen pero no son del todo impenetrables

El filtro facial contra la contaminación bloquea entre el 20% y 50%

 

MICHELE CATANZARO
05/05/2019

Muchos ciclistas, y hasta algunos peatones, se ponen mascarillas antes de aventurarse por las calles de cualquier ciudad, pero ¿Sirven de algo estos dispositivos? La respuesta es sí, según un estudio del CSIC, que ha analizado nueve mascarillas comerciales. Pero con matices.

En primer lugar, las mascarillas no bloquean todo el flujo de partículas nocivas, especialmente las más finas. En segundo lugar, su plena eficacia se alcanza sólo si se adhieren perfectamente a la cara. Esto no suele ocurrir, por razones como la forma del rostro, la presencia de barba, el sudor o la incomodidad.

Los expertos coinciden en que los beneficios para la salud de caminar o pedalear superan casi siempre los perjuicios de exponerse a contaminantes. En otras palabras, es mejor caminar o pedalear sin mascarilla, que sentarse en un coche. De hecho, tampoco está claro que el caparazón de un coche u de otros medios de transporte proteja de las partículas, según un análisis reciente.

También destacan que la única defensa real ante la polución es reducirla. Esto salvaría la incomodidad de llevar mascarilla. Y sobre todo ahorraría las 3000 muertes estimadas que se producen, por ejemplo, cada año en Barcelona por contaminación.

A la espera de que esto ocurra, el estudio del CSIC sugiere como es la mascarilla ideal: con exhaladores de aire, con múltiples capas de filtro y con la certificación europea EN149. Curiosamente, de los nueve modelos analizados, el que dio los mejores resultados no es el más caro, sino que tiene un precio intermedio (unos veinte euros). La razón más probable es justamente que su tejido se adapta bien al rostro.

Pregunta de los ciclistas /»Muchos ciclistas urbanos nos preguntaban si las mascarillas sirven de algo y qué tipología hay que usar», relata Adrià Arenas, miembro del Bicicleta Club de Cataluña (BACC), la organización que se dirigió al Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) del CSIC para pedir información. Los investigadores decidieron averiguarlo con los recursos internos de la institución.

Con este objetivo, adquirieron los nueve modelos de mascarillas más comunes. Se trata de artículos comerciales, con precios inferiores a los 50 euros, y no de los más aparatosos usados en contextos industriales. Entre ellas, hay de neopreno y de algodón, con filtros de una capa o de tres, sin válvulas de exhalación o con una o dos de estas.

La normativa europea EN149 establece tres niveles de eficacia de los filtros: FFP 1, 2 y 3 (de menos a más eficaz). «Sin embargo, esta es la máxima eficacia posible. Es como si el filtro estuviera directamente en la boca del ciclista, sin ninguna fuga», apunta Fulvio Amato, investigador del IDAEA y coautor del trabajo.

Según el tipo de mascarilla, la eficacia puede bajar a menos del 10% de las partículas o subir al 96% para las más gruesas. «La mejor fue la número 7, que es la que visiblemente se adapta mejor al rostro del maniquí».

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