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INVESTIGACIÓN MÉDICA

La mutación de un gen convirtió al ser humano en corredor de fondo

La humanidad está entre los mejores corredores del mundo animal hoy en día. La pérdida del CMAH le dotó de piernas elásticas y un sistema sudoríparo

 

Corredores en una media maratón, una de las carreras reina de la práctica del atletismo. - ALBERT BERTRAN

REDACCIÓN
12/09/2018

Hace dos o tres millones de años, la pérdida funcional de un único gen desencadenó una serie de cambios significativos en lo que finalmente se convertiría en la especie humana moderna. Aquella modificación genética lo alteró todo: desde las tasas de fertilidad hasta el aumento del riesgo de cáncer por comer carne roja. Así lo recoge un nuevo artículo, publicado en la edición de este miércoles de la revista Proceedings of the Royal Society B, en el que investigadores de la escuela de Medicina de la Universidad de California (UC) en San Diego informan sobre estudios de ratones diseñados para carecer del mismo gen, llamado CMAH, y datos que sugieren que el gen perdido también puede haber contribuido a la afirmación de que la humanidad está entre los mejores corredores de larga distancia en el reino animal.

Aproximadamente, al mismo tiempo que la mutación CMAH se afianzó, los antepasados humanos estaban pasando de habitantes de los bosques a la vida principalmente en las áridas sabanas de África.

EVOLUCIÓN / Mientras ya caminaban erguidos, los cuerpos y las habilidades de estos primeros homínidos evolucionaban de forma espectacular, en particular, con cambios importantes en la biomecánica y fisiología del esqueleto que dieron como resultado piernas largas y elásticas, pies grandes, músculos y glúteos potentes y un sistema expansivo de glándulas sudoríparas para disipar el calor de manera mucho más efectiva que otros mamíferos más grandes. Tales cambios ayudaron a alimentar la aparición de la capacidad humana de correr largas distancias relativamente incansablemente, permitiéndoles cazar en el calor del día cuando otros carnívoros estaban descansando y perseguir a su presa hasta su punto de agotamiento, una técnica llamada caza de persistencia.

«Descubrimos esta primera diferencia genética clara entre los humanos y nuestros parientes evolutivos vivos más cercanos, los chimpancés, hace más de 20 años», afirma Ajit Varki, profesor de Medicina Molecular y Celular de la UC Medicine School sobre esta nueva investigación llevada a cabo a nivel mundial y con gran repercusión.

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