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Las manifestaciones por el medio ambiente

El perfil del nuevo ecologista

Sus ideas incluyen proclamas feministas, animalistas y anticapitalistas. Los activistas más jóvenes, muchos de ellos mujeres, tienen un mensaje más duro

 

VALENTINA RAFFIO
17/03/2019

Son jóvenes, comprometidos y con ganas de cambiar el mundo. Ayer, una nueva generación de ecologistas salió a la calle para pedir medidas más contundentes contra el cambio climático. Su discurso es claro, tajante, sin medias tintas. Su objetivo: revolucionar el sistema para acabar con el actual estado de emergencia climática y salvar el planeta. Son los activistas de la generación millennial, agrupados ahora bajo el movimiento Fridays for future, un fenómeno de alcance internacional cuyo impacto ya ha superado el de muchas oenegés tradicionales.

La nueva revuelta ecologista destaca porque tiene los ojos, la voz y el corazón de los adolescentes. Sus precursores, de hecho, son jóvenes anónimos, con demasiados pocos años como para haberse labrado una reputación de activistas consolidados. Tienen edades comprendidas entre los 16 y los 25 años. Son, en su mayoría, estudiantes que aún navegan entre el instituto y la universidad. Se definen como personas comprometidas con el medioambiente y la justicia social. Su discurso surge de lo emocional, lo racional y lo analítico. Y es por eso que son, por encima de todo, personas con el suficiente espíritu crítico como para saber que no se ha hecho suficiente para acabar con las injusticias climáticas.

Las voces más potentes y decididas de la nueva reivindicación ecologista provienen de mujeres, que en muchos casos han tomado las riendas de las organizaciones locales de la iniciativa.

En sus gritos, la lucha del movimiento ecologista se une a la de otros movimientos sociales transversales como el feminismo, el animalismo, el veganismo (en sus diferentes variantes) o incluso el anticapitalismo. El problema, dicen, está en el sistema actual, que oprime los derechos de unos en beneficio de otros. La solución, en todos estos casos, pasa por una revolución estructural que revierta las normas del juego. De ahí que todas las luchas confluyan en los cánticos del ya conocido como 15-M climático, un fenómeno que en muy poco tiempo ha captado la mirada de todo el mundo.

PELIGRO ABSTRACTO / Los nuevos activistas contra el cambio climático que ayer inundaron las calles de las principales capitales del mundo destacan ahora como una generación empoderada. Se trata de jóvenes que han crecido con el calentamiento global como un peligro omnipresente pero abstracto. Un fenómeno sin consecuencias demasiado graves para causar alarma. En sus móviles, en cambio, han descubierto el otro lado de la historia, el de la emergencia climática. Un panorama que sí llamaba a la acción inmediata. Y, a partir de ahí, la militancia. Primero en redes sociales (empezando por WhatsApp, desde donde se organizan, y poniendo el altavoz en Facebook, Twitter e Instagram) y ahora en las calles.

Esta nueva insurrección verde ha llegado para hablar claro sobre quiénes son los responsables del cambio climático y qué podemos hacer cada uno de nosotros para acabar con el fenómeno que está poniendo en riesgo la supervivencia del ecosistema. Argumentan que las empresas son las responsables de la gran mayoría de la contaminación, sobreexplotación y desperdicios que están acabando con los recursos del planeta. Los políticos, culpables de no plantarse para evitar esta situación. En sus gritos, los jóvenes acusan sin tapujos al capitalismo.

PEQUEÑOS GRANDES CAMBIOS / La solución a este problema, reclaman, pasa por cambiarlo todo. Por concienciar a la ciudadanía de la importancia que tiene conservar la vida, en todas sus formas, que habita en el planeta Tierra. Esto pasa por pequeños grandes cambios en el día a día que a corto y largo plazo puedan marcar la diferencia. La cesta de la compra, mejor de kilómetro cero. El transporte, siempre la opción que contamine menos. La ropa, de comercio justo, con materiales sostenibles , incluso de segunda mano. Es decir, todo lo que reduzca nuestra huella ecológica, el índice con el que se mide el impacto de la actividad humana sobre el medioambiente. El objetivo, garantizar que exista un futuro. Sin matices.

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