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EL ORIGEN DE LA HUMANIDAD

La pesca en el mar ya atrajo a los neandertales

Este hallazgo cuestiona que el sapiens iniciará este tipo de dieta. Una cueva en Portugal revela grandes capturas en el Atlántico

 

Fragmentos abiertos y quemados de pinzas de buey de mar. - MARIANA NABAIS / JOAO ZILHAO

Cueva de Figueira Brava, en Arrábida (Portugal). - PEDRO SOUTO / JOAO ZILHAO

MICHELE CATANZARO
27/03/2020

Un alijo de restos marinos en una cueva portuguesa ha acortado aún más la supuesta brecha de capacidades entre neandertales y humanos modernos (homo sapiens). Centenares de conchas y restos de crustáceos, peces y mamíferos marinos han aparecido en la cueva de Figueira Brava, cerca de Lisboa, según un artículo publicado hoy en la revista Science. Esa cueva estuvo poblada por neandertales desde hace 106.000 hasta hace 86.000 años.

Nunca antes se habían encontrado pruebas de que esos antiguos humanos explotaran el mar a ese nivel. Hasta ahora, hallazgos de este tipo se habían hecho tan solo en África meridional, en asentamientos de sapiens de hace unos 160.000 años. Eso sustentaba la teoría de que el aporte de ácidos grasos y omega 3 de la pesca habrían impulsado la inteligencia de los humanos modernos por encima de la de los neandertales. El nuevo hallazgo lo pone en entredicho.

DIETA VARIADA / La dieta en Figueira Brava incluía moluscos, cabras de mar, tintoreras, doradas, aves marinas, delfines y focas. También se comía ganado, tortugas y hay rastros de olivos, viñas, higueras y, sobre todo, pino piñonero, que se usaba para quemar y obtener piñones para comer.

Hasta la mitad de la dieta dependía del mar, según estimaciones hechas en cuevas cercanas con volúmenes parecidos de restos. En ellas hay esqueletos de humanos modernos que conservan el colágeno, desde el cual se puede medir exactamente qué comían.

«No se sabe si pescaban con herramientas. Los cazadores recolectores saben coger peces con las manos en aguas bajas. Seguro que debían tener sacos o cestas para llevar el pescado del mar a la cueva», explica Joao Zilhao, investigador de la Universidades de Lisboa y de la de Barcelona (UB), coautor del trabajo.

«Pescar a mano requiere sumergir la cabeza. Esto confirma que el gran crecimiento óseo en el oído externo de los neandertales podría estar relacionado con esa técnica», afirma Paola Villa, investigadora del Museo de la Universidad de Colorado, no implicada en el trabajo.

Que los neandertales pescaran en aguas bajas ya se sabía, desde restos marinos hallados en otras cuevas. Incluso usaban conchas para hacer herramientas o colgantes. Lo nuevo es el gran volumen que se ha encontrado en la cueva portuguesa de Figueira Brava.

En las cuevas del Mediterráneo hay menos porque es un mar menos productivo que el océano Atlántico, según los autores del último trabajo. En cuanto al Atlántico, las cuevas más cercanas al mar quedaron en su mayoría sumergidas por la subida del nivel del mar después de la última glaciación.

«El yacimiento de Figueira Brava es extraordinario», afirma Zilhao. Delante de él hay un cañón submarino que en la época de los neandertales, cuando el agua estaba entre 25 y 50 metros más baja, seguía existiendo en forma de fiordo. Así que la cueva estaba suficientemente cercana al agua (entre 750 metros y dos kilómetros) para que fuera conveniente llevar el pescado hacia casa. Además, su parte externa quedó protegida por piedras cuando el mar subió.

El consumo de comida del mar se ha asociado en el pasado a una supuesta ventaja cognitiva de los sapiens por encima de los neandertales. Los productos del mar aportan sustancias y además son más fáciles de digerir. La energía ahorrada en la digestión se invierte en desarrollo cognitivo, así como ocurre con comida cocinada.

DESARROLLO COGNITIVO / «Si el consumo habitual de recursos marinos influyó en el desarrollo de capacidades cognitivas, lo hizo en toda la humanidad, incluyendo los neandertales, no solo en la población africana [de sapiens] que luego se expandió», afirma Zilhao en otro momento.

«Estamos redescubriendo a los neandertales. Somos más conscientes de que nos parecemos a ellos, a nivel económico, social y cognitivo», coincide Palmira Saladié, investigadora del Institut Català de Paleocologia Humana i Evolució Social (IPHES), no implicada en el trabajo.

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