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Una protesta verde pacífica, familiar y variopinta

Significativa presencia latinoamericana, sobre todo chilena. Hubo dos conatos de enfrentamiento con la Policía por radicales

 

JUAN JOSÉ FERNÁNDEZ
07/12/2019

Los promotores de la marcha que cruzó Madrid hablaban de «despertar climático», y se diría cierto el eslogan a la vista de la animosa multitud que caminó desde la estación de Atocha hasta la de Nuevos Ministerios. La ciudad no había registrado una manifestación verde tan importante, ni siquiera cuando, este verano, parte del vecindario rechazó el plan del alcalde Martínez Almeida de acabar con Madrid Central.

Algunos pueblos de la Patagonia chilena están más cerca entre sí que el punto de inicio y el de llegada de la marcha. El recorrido, de seis kilómetros, se diría diseñado por senderistas. De ahí que entre la cabecera, precedida por diez furgones policiales, y la cola, recogida por otros tantos, aparecieran grandes claros que han contribuido al polémico recuento oficial de asistentes.

Y tanto antidisturbios al final quedó mano sobre mano en la mayor parte del recorrido... salvo ante la Cibeles; quizá porque en esa plaza está un Ayuntamiento gobernado por el PP y Cs, para la izquierda ecologista emblema del negacionismo climático. Fueron dos conatos de choque con los policías, a cargo de anarquistas. Resultado: dos detenidos y seis agentes heridos.

En la marcha hubo una presencia significativa latinoamericana, sobre todo con banderas chilenas. Ayudaba a sostener una de ellas la santiagueña Madeleine Álvarez, residente en Madrid, por denunciar «la violacion de los derechos humanos bajo el gobierno de Piñera», y «porque mañana puedo ser yo también», decía.

Con menos gente, pero vistosa en trajes, maracas y tocados de plumas, desfilaron 12 indígenas de la Amazonia brasileña. «Fora Bolsonaro», gritaban. Gilena Cricachí, la portavoz, explicó que acudió a Madrid para clamar «por la salud del planeta y la defensa de la vida».

El ambiente era festivo. «Aquí están / los ecologistas», coreaba un grupo de escolares. Sobre sus cabezas, numerosas cartelillos escritos en inglés y con palo de caña para su fácil transporte. Los eslóganes más paseados, «El consumo te consume», «El rico poluciona mucho» y «No hay PLANeta B». Observando el río de gente, Eusebio García, jubilado con una pegatina de CCOO en el pecho, repuso buscando complicidad: «A ver si vienen tantos cuando se trata de pelear por los derechos laborales».

Cuando los últimos pasaban por la plaza de Colón, los autobuses de tour turístico hacían su agosto con grande colas. Y a la sombra de la estatura del almirante, iluminada de azul por los catadióptricos policiales, se reunían en absoluto orden unos chinos feligreses de la Iglesia de Dios Todopoderoso, o Relámpago Oriental. Se les acercó una familia de evangelistas chilenos. Este sábado han quedado confesiones protestantes en Madrid a rezar por el clima. «Hasta mañana», dijeron los padres, y una niña que llevaban de la mano, cansada, se fue con ellos arrastrando una cartulina con un letrero manuscrito: «Los cielos cuentan la gloria de Dios. El firmamento anuncia la obra de sus manos (Salmos 19:1)».

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