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Sexo, mentiras y papeles

El informe de tres cardenales sobre corrupción y homosexualidad en la curia acabó con la paciencia del Papa Benedicto XVI había dado señales de que se planteaba renunciar

 

ERIC FRATTINI
27/02/2013

A pesar de que ahora muchos medios de comunicación pretenden hacer ver que fui un "clarividente" cuando hace tan solo unos meses predije en mi libro Los cuervos del Vaticano que el papa Benedicto XVI iba a renunciar a la Cátedra de Pedro, he de decirles que no soy ningún brujo, ni veo el futuro, ni soy clarividente, ni nada por el estilo. Tampoco soy ningún San Malaquías. Solo soy un periodista que supo analizar las señales de una serie de acontecimientos para llegar a una conclusión. Y si alguien había dado señales suficientes de lo que iba a hacer, ese era Benedicto XVI.

Ya el sábado 16 de abril del 2005, el día de su 78º cumpleaños, Joseph Ratzinger anunció a sus más estrechos colaboradores la alegría de su próxima jubilación. No era la primera vez que el cardenal alemán intentaba dar un paso a un lado de las responsabilidades vaticanas, motivado por el deseo de terminar en un monasterio de Baviera, orando y escribiendo.

Tras su designación como jefe supremo de la Iglesia, a Ratzinger se le vino a la cabeza la idea de la guillotina, ya que no sentía que el papado fuera su destino, según dijo a su biógrafo Peter Seewald. Tras anunciar el nombre con el que reinaría, el de Benedicto XVI, dicen que el nuevo Pontífice se dio la vuelta, miró a la cruz directamente y dijo: "¿Qué estás haciendo conmigo? Ahora, la responsabilidad la tienes Tú. ¡Tú tienes que conducirme! Yo no puedo". Así se iniciaba el tiempo de Benedicto XVI al frente de la Iglesia, a quien muchos calificaron como un "Papa de transición". Hoy, tras casi ocho años como Pontífice y después de su renuncia, el balance parece indicar que, más que un papado de paso, su gestión habrá sido una bisagra en la historia de la Iglesia católica.

"Podría optar por la renuncia. Si un Papa se da cuenta de que ya no es física, psicológica o espiritualmente capaz de ejercer el cargo que se le ha confiado, entonces tiene el derecho, y en algunas circunstancias también el deber, de dimitir", dijo Benedicto XVI en el 2010. Luigi Bettazi, obispo emérito de Ivrea y su confidente, llegaba a asegurar en 2012 que "aunque sería un hito histórico que provocaría un auténtico shock en la Iglesia, los escándalos del caso Vatileaks podrían ser una estrategia cara a preparar la eventualidad de la dimisión".

A primeros de octubre, la Comisión Especial de Investigación formada por los cardenales Julián Herranz, Jozef Tomko y Salvatore Di Giorgi, todos ellos fieles ratzingeristas, entregaba al Papa el informe de 317 páginas. En él se ponían de manifiesto graves casos de corrupción, podredumbre, luchas de poder internas, robos y malversación de fondos a gran escala y hasta una red de prostitución homosexual que afectaba a gente cercana al secretario de Estado, el cardenal Tarsicio Bertone. Todo aquello acabó, dicen, con la paciencia y la salud mental del Pontífice.

La semana pasada, dos medios italianos, la revista Panorama y el diario La Repubblica, se hacían eco de esa supuesta red de prostitución homosexual dentro del Vaticano liderada por Marco Simeon, un misterioso joven laico protegido de Bertone, y que en pocos años llegó a acumular un inmenso poder en la Santa Sede. La red de prostitución afectaría hasta a 49 altos cargos del Vaticano. "Pero, ¿quién es Simeon?", se preguntaban los miembros de la poderosa curia al ver cómo conseguía ocupar la presidencia de la RAI Vaticana; la secretaría general de la Fundación de Bienes y Actividades Artísticas de la Iglesia, y los puestos de consejero en la Fundación Italo-Americana y la del Magistrato di Misericordia, presidida por Bertone.

Dato revelador

Ya el famoso Carlo María Viganò, encargado por el propio Papa de descubrir la corrupción vaticana, le decía en una carta a Bertone, fechada el 8 de mayo del 2011: "Por lo que se refiere al doctor Simeon, a pesar de que para mí es más delicado hablar de él siendo (...) muy cercano a Vuestra Eminencia, no puedo evitar de testificar que, según tengo conocimiento en calidad de delegado para las Representaciones Pontificias, el doctor Simeon resulta ser un calumniador". La Repubblica, en un artículo publicado el 24 de febrero del 2012, ya se preguntaba: "¿Por qué Bertone protege a personajes como Profiti y Simeon y envía a Estados Unidos a Viganò?". Promoveatur ut removeatur (promovido y alejado), respondió la Santa Sede con respecto al molesto Viganò, hoy nuncio en EEUU. Un día, el propio Simeon, ahora dimitido y bajo sospecha de proxenetismo homosexual, llegó a decir al diario Il Fatto Quotidiano : "El secreto es poder y el Vaticano enseña que quien sabe no habla, y quien habla no sabe. Yo nunca digo demasiado". Pero ese silencio no le ha servido para sobrevivir en la ambiciosa y conspiradora maquinaria curial.

Lo único cierto ya es que dentro de dos días, el jueves, a las 20.01, hora vaticana, Benedicto XVI abandonará la Cátedra de Pedro, volverá a adoptar su nombre original de Joseph Ratzinger, y la Santa Sede volverá a entrar en la llamada sede vacante hasta la elección del Papa número 266.

Pero también es bien cierto que mientras el mundo sigue girando, el Estado Ciudad del Vaticano continuará moviéndose lentamente en su hermético mundo, en el que todo aquello que no es sagrado seguirá siendo secreto.

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1 Comentario
01

Por Roma63 10:36 - 27.02.2013

No se porqe le dais tanta importancia a esta "BANDA" los curas que son la mahyoria unos impresentables, pr fvor dedicaros al hambre la necesidades que son muca en elemundoy no a esta gentuza con sotanas.MARICONES.