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un ejemplo de superación

El sordociego que escala montañas

El extremeño Javier García tiene un doble grado universitario y fue Erasmus. Lamenta que algunas personas no puedan formarse en centros comunes

 

La intérprete transmite a Javier García las preguntas con lenguaje dactilógico. - DAVID CASTRO

El joven placentino, acompañado de dos especialistas en una expedición. - DAVID CASTRO

PATRICIA MARTÍN epextremadura@elperiodico.com MADRID
04/08/2019

La mayoría de las palabras que describen a una persona excepcional y capaz de sobreponerse a cualquier adversidad podrían aplicarse a Javier García Pajares: fortaleza, inteligencia, determinación, ejemplo de superación, y muchas más. Con 28 años y una sordoceguera que derrumbó su mundo a partir de los 12 años, ha logrado superar uno de los mayores golpes, en forma de enfermedad, que te puede deparar el destino y demostrar que en la vida se puede llegar tan alto como se quiera si cuentas con las ganas suficientes y los apoyos necesarios. De hecho, el Gobierno le ha concedido el Premio Nacional de Juventud 2019, en la categoría del deporte, por el proyecto Un mundo con sentido, un blog en el que cuenta sus experiencias vitales desde el punto de vista de la superación sin límites.

Entre esas experiencias destaca la iniciativa Quiero tocar el cielo a través de la cual, el año pasado, Javier -natural de Plasencia (Cáceres) y residente en Madrid, donde vive solo y sin necesidad de ayuda salvo para ir al médico o hacer algún trámite- subió y coronó más de 16 cimas, 9 de ellas de más de 4.000 metros de altura, demostrado así que las barreras físicas y psicológicas se pueden romper, en una hazaña que puede servir de paradigma para otras personas con discapacidad. En España se calcula que hay 6.000 personas sordociegas.

Acoso escolar

Para Javier, el montañismo fue uno de los antídotos que le ayudaron a salir del aislamiento que le provocó su brutal enfermedad, ya que en cosa de dos o tres años vio cómo perdía el oído y prácticamente toda la visión y, tras sufrir el cruel y duro acoso escolar al que algunos profesores y alumnos someten a los diferentes, se encerró en su casa, sin querer saber de nada ni nadie. Sus amigos, su vida, su forma de comunicarse con el entorno, todo se evaporó en poco tiempo. Pero su padre lo apuntó a la ONCE y allí su vida dio un giro cuando conoció a José Antonio García Regaña, psicólogo de la organización y presidente de la Federación Extremeña de Montaña, quien le animó a practicar este deporte y demostrar que podía llegar hasta donde se propusiese.

Optimismo vital

Javier se contagió de ese espíritu optimista y ahora minimiza los años duros y dice quedarse con los aspectos positivos. En una entrevista con EL PERIÓDICO en la sede de Ilunion, del grupo ONCE, donde trabaja como asesor jurídico, explica que «fue un tiempo complicado, pero lo importante es que de todo se sale y, aunque la vida a veces te da golpes duros, puedes salir adelante y conseguir aquello que te propones si hay personas dispuestas a apoyarte», como en su caso fue José Antonio, quien ahora es una pieza fundamental del equipo que le ayuda a coronar montañas.

Ambos van de la mano y el presidente de la federación de montaña, según coloca su extremidad, le avisa tocándole si no hay peligro, si hay que ir con precaución, saltar... y así hasta las cimas, no sin esfuerzo, según relata: «A veces es muy difícil, uno está agotado, parece que no puede más, pero sigues adelante porque tienes un equipo que son geniales y cuando llego arriba percibo la alegría de todos y empezamos a abrazarnos, a gritar, nos sentimos eufóricos y para mí esa sensación es una emoción muy importante».

Este año, su reto personal se titula Abrazar las estrellas y además del montañismo contempla la práctica de otros deportes como el salto en paracaídas, que ya ha efectuado y «fue perfecto, una experiencia increíble».

Primer Erasmus

Pero su trayectoria no solo despunta en el ámbito deportivo. Tras pasar un tiempo en un internado de la ONCE, aprender braile y a comunicarse por el lenguaje dactilológico, que consta de un signo por cada letra y se trasmite en la palma de la mano, se graduó en el doble grado de Derecho y Dirección de Empresas en la Universidad Autónoma de Madrid. Y, otro de los grandes hitos de su vida, aprendió inglés sin oírlo, para llegar así a ser el primer sordociego en participar en un programa de Erasmus, en su caso en Londres.

La entrevista se efectúa gracias a la ayuda de una intérprete, Cristina, de la Federación de Asociaciones de Personas Sordociegas FASOCIDE -la entidad que le propuso para el Premio Nacional de Juventud-, quien le tradujo al lenguaje dactilológico las preguntas. Sin perder en ningún momento la sonrisa, Javier aclara que circula en internet que aprendió inglés en 54 horas. «Es falso», señala. De hecho le rechazaron en varias academias porque les parecía «raro» que un sordociego se propusiera aprender otro idioma. Hasta que encontró a una profesora, Alex, también psicóloga como José Antonio -«yo es que tengo algo con los psicólogos», bromea-, quien le enseñó escribiendo las palabras en inglés en el ordenador y su pronunciación y el sistema lo traducía al braile. «Al final es memorizar las pronunciaciones, que es lo que hacen todas las personas», señala restando importancia a su hazaña.

El código de conducta

En uno de sus viajes al Reino Unido, una compañía aérea le impidió volar solo debido a su sordoceguera y emprendió una lucha que dio como resultado que la Comisión Europea aprobara un código de conducta contra la discriminación de los pasajeros con discapacidad. En el contexto interior, «si hubiera Gobierno en España en septiembre», dice con sorna en referencia al bloqueo político, le gustaría que el futuro Ejecutivo generalice los servicios de guía intérprete para este colectivo y que apruebe ayudas económicas, para que los sordociegos puedan adquirir el material tecnológico que les facilita la comunicación y, con ello, desenvolverse en la vida. «Yo siempre digo que si he llegado hasta donde he llegado es porque he tenido muchísimos apoyos, de mis amigos y de las entidades que trabajan con personas sordociegas», afirma con humildad.

Sobre la educación

En cuanto al debate en torno a si las personas con discapacidad deberían estudiar o no en colegios ordinarios con los recursos necesarios, Javier García opina que depende de cada caso, pero lamenta que algunas personas no puedan formarse en centros comunes y acudan a colegios especiales porque los primeros carecen del personal y el material necesario.

Su próximo reto será la semana próxima cuando tiene previsto viajar hasta Rusia, a subir el monte Elbrus, el más alto de Europa. Sus planes no tienen fin. Salvo el Everest, «hay demasiada cola», señala con sorna. Pero seguro que será difícil detenerle porque su filosofía de vida consiste en perseguir lo que quiere «y ya está», sin pensar «que va a ser difícil por ser una persona sordociega». «Lo hago y punto», zanja.

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