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LA CONVIVENCIA CON LAS MASCOTAS

¿Todo el mundo puede tener perro?

Un pueblo del Penedès impulsa una brigada de voluntarios para educar a sus vecinos en una tenencia responsable de los animales de compañía. La iniciativa municipal aspiraba a obligar a los dueños a sacarse un carnet aunque deberá limitarse a la formación y disuasión de los propietarios

 

Una propietaria juega con su perro en una zona de recreo en Sant Martí Sarroca, la semana pasada. - MARC VILA

CRISTINA BUESA
21/01/2018

Hay unanimidad. Todos piensan lo mismo. NO, en mayúsculas. No todo el mundo puede tener un perro. Cualquiera no puede vivir con un peludo de cuatro patas. No obstante, la campaña navideña ha dejado en las casas cientos de animales de compañía fruto del impulso (por suerte muchos de ellos de adopción) y los abandonos siguen contándose por miles cada año, colapsando los centros de acogida municipales y las protectoras. La receta, en esto también hay consenso, la educación.

Por eso, la iniciativa de Sant Martí Sarroca (Alt Penedès), un municipio de 3.000 habitantes cercano a Vilafranca, suma apoyos. Bueno, aplausos de quienes aprecian a los perros, de quienes abogan por una tenencia responsable, de los que ya cumplen con los deberes de identificación, sanitarios, alimentarios o de bienestar físico y psicológico. Los que no lo ven con tan buenos ojos, acusan al ayuntamiento de intervencionista. El alcalde, Antoni Ventura, encaja que la convivencia entre vecinos y canes provoca opiniones muy polarizadas pero la voluntad es fomentar la comunicación, la información, la formación de los propietarios.

400 ya censados
Meses atrás, la oenegé Animal Rescue contactó con Ventura, activista animalista, para proponerle un curso obligatorio para los dueños de perros censados en Sant Martí. Actualmente hay unos 400 dados de alta. Pero la obligatoriedad chocó con la capacidad real del ayuntamiento: recomendarlo sí, imponerlo no. "Me gustaría que lo fuera, pero no puede ser de momento", lamenta el alcalde, de la CUP, con un gobierno en frágil minoría.

Los trípticos de la flamante Brigada Civil de Protección Animal descansan sobre la recepción de la casa consistorial. Allí especifica que el curso será obligatorio y que quien no cumpla con las ordenanzas será sancionado por sus miembros. El alcalde, más amigo del diálogo que de la multa, está satisfecho con la creación de la brigada, que permitirá que se mejore la convivencia entre vecinos y perros en el pueblo.

Red de ciudades amigas
"Igual que existe un carnet de manipulador de alimentos, debería existir otro para tener un animal", propone, consciente de que su municipio reabre el debate de una tenencia responsable. De hecho, ha mantenido ya algunos contactos para formar una red de municipios amigos de los animales, como ocurre con otros intereses sociales o culturales.

Hace un par de semanas empezaron a repartir los trípticos por las casas, cuenta una de sus impulsoras, Patricia Polo. Quieren, por encima de todo, acabar con la impunidad de quienes se resisten a poner el microchip a sus canes, a registrarlos en el censo municipal, a recoger las defecaciones en plena calle, a mantenerlos en un balcón o atados en el jardín durante horas. "Aspiramos a realizar una tarea individualizada, a dialogar, a convencer uno por uno a los incívicos si hace falta", propone.

Descuentos para incentivar la idea
La portavoz de la entidad relata que unas 15 personas ya se han apuntado al curso, donde no solo se recordará a los asistentes los deberes de un buen dueño sino que se ampliará el temario, por ejemplo, a cosas tan útiles como unos primeros auxilios si el perro sufre un atropello o si toca accidentalmente una oruga. "Aspectos que pueden salvarle la vida", subraya Polo.

Quienes hagan el curso, que será en grupos reducidos y durará un par de horas, tendrá descuentos en clínicas veterinarias para vacunas o comida. También quieren ampliar el número de negocios que ofrezcan ventajas, para implicar al mayor número de gente posible.

Propietarios concienciados
"No tenía ni idea, pero aunque no me obliguen a hacerlo lo haré",  confiesa Balbina Cedrón, una vecina de Sant Martí que precisamente se planteaba llevar a su perra a un educador para ayudarla a controlar su afecto. Su border collie Chispi, que tiene un año y medio, últimamente saluda a los recién llegados poniendo las dos patas delanteras sobre el pecho del visitante. "Me da miedo que tire a alguien al suelo y quiero enseñarle a que no lo haga", cuenta la mujer, una auténtica amante de los animales, ya que se ocupa además de dos gatos, una coneja y varias cobayas y palomas reales.

Su amiga Conchi Sánchez tiene un labrador y coincide con ella en que la información ayudaría a mejorar la situación porque no todo el mundo recoge las deposiciones. Lo que sí se suele respetar, opina otra vecina, Fátima Ureña, es que los canes suelen ir atados por las calles, a pesar de que se trata de una zona rural.

Ambulancia veterinaria
Pero la portavoz de Animal Rescue insiste en que hay mucho que hacer. "Únicamente hay 400 inscritos en el censo municipal pero calculamos que son más del doble", estima Patricia Polo. Desconocen cuántos de ellos llevan chip, así que una de las primeras iniciativas que quieren impulsar es trasladar al pueblo una ambulancia veterinaria de vez en cuando para incentivar que los dueños se lo pongan de una vez.

Barcelona aplicará en primavera la ordenanza para llevarlos atados
La ordenanza municipal de protección, tenencia y venta de animales de 2014 de la ciudad de Barcelona prevé que todos los perros lleven correa. No obstante, el gobierno de Ada Colau, al llegar al ayuntamiento, consideró que los dueños (pero sobre todo los canes) no tenían espacios de recreo suficientes para pasear sueltos. Y aplicó una moratoria que supone, a efectos prácticos, que únicamente las 13 razas que en Catalunya son potencialmente peligrosas (en España son 8) deban ir obligatoriamente atados y con bozal. Fuentes municipales han aclarado que esta excepción de llevar correa se aplica solo si el perro atiende las órdenes verbales de la persona que lo pasea y está al alcance de su vista. Pero esto cambiará esta primavera. Será entonces, aseguran desde el consistorio, cuando estarán listas las 10 áreas de recreo para perros previstas, una por distrito. La primera se abrió en Nou Barris en diciembre de 2016. Estos espacios vallados, que deberán tener como mínimo 700 metros cuadrados, contarán con mobiliario adaptado para los animales, bebederos y vegetación. Las siete que se deben completar antes de la primavera, cinco de nueva creación y dos en el Eixample que se están ampliando, suman una inversión de 1,9 millones de euros. Según los últimos datos del ayuntamiento, en la capital catalana hay 57.248 perros censados. Si se compara con los datos del 2016, la cifra ha crecido considerablemente, ya que eran entonces eran 43.520 oficiales. Un dato discrepante con el que arroja el Col·legi de Veterinaris de Catalunya, que le constaban 149.870 canes para una población de 1,6 millones de personas. O sea, casi un perro por cada diez vecinos.