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«ELLAS LIDERARON LAS MANIFESTACIONES POR LA LIBERTAD SEXUAL», ASEGURA EL AUTOR

Transexuales revolucionarias

El periodista extremeño Raúl Solís presenta hoy en Mérida ‘La doble transición’, donde recopila ocho desgarradores testimonios de mujeres que convivieron con el sufrimiento

 

El escritor Raúl Solís con dos de las mujeres protagonistas del libro. -

«A una de ellas en una fábrica la lubricaron con grasa de las máquinas y allí mismo el encargado la cogió. Imagina una niña de 12 años con un hombre de 45... Las primeras relaciones sexuales de la mayoría fueron violaciones, ellas no lo denominan así, pero hoy lo llamaríamos sin ninguna duda violaciones. Soraya, otra de las mujeres, con 13 años se fue maquillada como una puerta al teatro, un compañero de trabajo de su padre la vio, se chivó, y recibió una paliza de muerte. Estuvo dos o tres meses viviendo fuera de su casa. A otra, cuando llegaba la Semana Santa o había toros en el pueblo y venían turistas, la encerraban en el cementerio para que nadie la viera, como si fuera un bicho raro; dormía en la mesa de autopsias. Esa mujer nació concretamente en el 43, tiene ahora 75 años. Y otra dormía con un cuchillo debajo de la almohada porque tenía miedo de que su propio padre la matara». Raúl Solís, periodista y escritor emeritense, da pinceladas de la vida sórdida que tuvieron que sufrir estas mujeres transexuales -que nacieron entre la década de los 40 y los 50- por el simple hecho de sentirse así, femeninas, aunque nacieran con cuerpo de hombre.

Solís ha recopilado ocho testimonios desgarradores que forman parte de la historia de España en un libro titulado La doble transición. Hoy vuelve a su Mérida natal para presentar este trabajo en La Librería (Travesía San Salvador, 10). La cita es las 20.30 horas.

Abandonadas

El abandono familiar que sufrió la mayoría es lo que más ha sorprendido a Solís cuando empezó a indagar en sus vidas. «El hogar es donde un niño siente protección, resguardo, seguridad, pero ellas estaban a los pies de los caballos. Con 10 años las echaban del colegio, con 13, 14 o 15, de su casa. De manera que se veían en la calle y solo podían hacer prostitución o espectáculo, es decir, o puta o artista».

En aquella época no se hablaba de personas transexuales. «Eran todas mariquitas o maricones». «Su proceso de feminización -continúa Solís- va siendo algo natural, ya desde pequeñas se depilan las cejas al hilo, visten con ropa femenina...».

Él lo define así: «Estas mujeres no tenían armario, sino vitrina. Porque uno puede esconder lo que siente, pero no puedes esconder lo que eres».

Muchas familias agredían a los hijos e intentaban corregirlos con la intención de evitarles el sufrimiento. «Eran víctimas de la educación, de una época... el problema era el régimen, es que el régimen franquista no era solo Franco».

Estas mujeres fueron torturadas, detenidas, encarceladas, violadas... «Es muy duro, pero por otra parte, ellas son muy inteligentes y lo cuentan con mucha gracia, porque otra herramienta que manejan es el sentido del humor y la irreverencia, que al final no deja de ser la manera de maquillar el dolor, porque si no, no se sobrevive a tanto acumulado».

Cuando se le pregunta a Raúl Solís que si, a sus ojos, vivimos en una sociedad mejor, responde: «La gran mayoría de los padres ya no echan a sus hijos de casa como les pasó a muchas de las protagonistas del libro, que alguna se tuvo que tirar un mes durmiendo debajo de un puente. Es innegable que hay un avance, pero eso no nos puede hacer idealizar una situación que todavía está muy lejos de lo deseado».

Y continúa con datos: «El 80% de los niños y las niñas transexuales piensa en suicidarse, el 40% lo intenta y un 10% lo consigue».

«El lugar que se merecen»

Este periodista y escritor ha querido convertir a estas mujeres en protagonistas porque querían que fueran situadas «en el lugar de la historia que se merecen».

Recuerda que las primeras marchas por la libertad sexual de Nueva York del año 69 estuvieron lideradas por ellas, al igual que la primer marcha que hubo en España, que fue en Barcelona en el 77. «Ellas, las mujeres transexuales, han sido las impulsoras de lo que ahora se llama movimiento LGTBI».

Solís quiere lanzar un mensaje: «El Estado debería intentar repararlas, porque la situación de empobrecimiento que viven, con pensiones de 420 euros, en pisos de 20, 30 y 40 metros cuadrados... Por lo menos, que los últimos años puedan vivirlos con cierta dignidad».

Él tiene claro que estas mujeres hicieron «una pedazo de revolución». Y que han tardado mucho en aceptar y contar el sufrimiento.

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