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UNA LUCHA FRATICIDA

Enrique Urbizu pone contra las cuerdas a sus ‘Gigantes’

Movistar+ estrena la segunda y última temporada de la serie con ciertos toques de wéstern

 

Isak Férriz, Daniel Grao y Carlos Librado, en la presentación en Málaga de los nuevos episodios de la serie. A la izquierda, Enrique Urbizu, director de la serie, en la ciudad malagueña. - EFE / JORGE ZAPATA

Isak Férriz, Daniel Grao y Carlos Librado, en la presentación en Málaga de los nuevos episodios de la serie. A la izquierda, Enrique Urbizu, director de la serie, en la ciudad malagueña. - EFE / JORGE ZAPATA

MARISA DE DIOS
22/03/2019

La familia es un tema universal. No la eliges. Perteneces. Y puedes sentir pertenencia o rechazo». Lo dice alguien como el director Enrique Urbizu (No habrá paz para los malvados), que precisamente ha dibujado un clan con una herencia envenenada de la que es difícil escapar en Gigantes, una serie cruda y descarnada que nos mostró a tres hermanos condenados a un destino trágico por la violencia que mamaron, desde niños, de su cruel padre (José Coronado). Movistar+ estrena hoy, completa bajo demanda, la segunda y última temporada de este thriller que pondrá a los protagonistas, los Guerrero, contra las cuerdas, algo en lo que tendrá mucho que ver el empoderamiento de los personajes femeninos, que hasta ahora se habían mantenido más a la sombra.

«Todo está mucho más desatado y es consecuente con lo que se planteaba en la primera temporada así que, como en cualquier drama shakesperiano, habrá muertes por doquier», adelanta Isak Férriz, el actor que da vida al visceral Daniel, el mayor de los Guerrero, que en el último episodio prometía volver a Madrid para matar a su hermano mediano, el sibilino Tomás (Daniel Grao).

Su regreso se materializará gracias a Clemente (Carlos Librado, Nene), el pequeño del trío, pero una «pirueta del guion» le obligará a posponer la lucha fratricida y colaborar con su némesis para escapar de la policía y de los socios colombianos en el negocio de la droga.

«Esa cosa que tienen Daniel y Tomás de necesitarse y, al mismo tiempo, desear eliminarse, me parece un hallazgo», destaca Grao, que asegura que los nuevos seis episodios mostrarán el «despeine en todos los sentidos» de su personaje. «Hasta ahora podíamos sospechar de la peligrosidad de Tomás, pero no le habíamos visto enfangarse. En esta segunda temporada le veremos ensuciándose las manos», afirma, a la vez que resalta la «sutil comedia» que desprenderán algunas secuencias. «Habrá algo casi cómico y con toques de wéstern en esa huida por momentos cutre de dos personajes tan opuestos», explica.

El derrumbe del auge de los Guerrero estará capitaneado por las mujeres de la serie, unos personajes «muy dispares y con intereses propios» que conformarán «una curiosa alianza», según Urbizu. «La ola femenina que venía creciendo se desbordará», añade Grao, aludiendo tanto a la inspectora Márquez (Elisabet Gelabert) y la agente Bárbara (Xenia Tostado), como a las propias mujer e hija de su personaje, Sol (Yolanda Torisio) y Carmen (Sofía Oria), que el año pasado ya empezaron a plantar cara al violento sector masculino.

Porque la violencia cruda y seca es también uno de los distintivos de esta serie, en la que han aparecido desde combates cuerpo a cuerpo a navajazos y tiros por doquier. Pero tanto Férriz como Grao coinciden en que Urbizu nunca la usa como adorno ni se recrea en ella, aunque no la oculte. ¿Habrá redención para alguno de los Guerrero o la endiablada semilla del padre será demasiado poderosa?