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«Hemos rodado ‘Criminal’ como si fuera teatro»

 

MARISA DE DIOS
15/10/2019

Una sala en la que los policías interrogan a sus sospechosos es el claustrofóbico escenario en el que se desarrolla Criminal, el primer proyecto paneuropeo de Netflix. La serie, rodada íntegramente en Madrid, tiene cuatro versiones, con historias distintas y actores de otros tantos países: Gran Bretaña, Francia, Alemania y España. Dos de los criminales patrios son Carmen Machi y Eduard Fernández, con personajes que protagonizan un complejo duelo psicológico con los agentes que les interrogan.

­—¿Qué les interesó de este proyecto para embarcarse en él?

—Eduard Fernández (E.F.): Los personajes están muy bien escritos, y eso es muy difícil. Y lo hacía Mariano [Barroso]. He trabajado muchas veces con él y siempre me hace disfrutar.

—Carmen Machi (C.M.): Los personajes son muy redondos. Y el proceso de trabajo, al rodar las escenas del tirón, casi como si fuera teatro, es maravilloso. Siempre tenía unas ganas tremendas de entrar en acción para mirar a los ojos a los otros y empezar con la guerra psicológica.

—Han rodado planos secuencia larguísimos en la serie en los que no se ha cortado.

—C.M.: Planos secuencia de casi 40 minutos, y eso es rarísimo. Nos tiramos una semana trabajando así, metidos en la sala de interrogatorios como los propios personajes, y acababas muy loco. ¡Casi te daban ganas de confesar! En cierto modo, entiendes a los interrogados.

—Ambos interpretan a dos supuestos criminales. En el caso de Eduard se trata de un locuaz delincuente habitual de la comisaría de padre magrebí y madre catalana, tiene mucha retranca, e insiste es que no es «ni yihadista ni independentista».

—E.F.: ¡El tío se agarra a todo! Es un mentiroso compulsivo, con una verborrea tremenda. Habla para defenderse, para confundir, para que el otro no piense, y en el fondo es un desgraciado. Pero tiene una parte más humana con la que la gente puede empatizar. Tiene cosas de algunos personajes que ya había hecho con Mariano Barroso y que son muy divertidos de interpretar.

—El de Carmen también es muy particular y te llega a descolocar. Al principio del episodio comienza hablando del amor y no sabes si es una sospechosa o una psicóloga.

—C.M.: Al principio no intuye que va a ser interrogada. Cree que está en dominio de la situación y suelta sus pajas mentales de su concepto de la vida y del amor y de las relaciones humanas. Cuando el episodio avanza, empiezan a verse las cartas y ella las juega muy bien porque es una tipa que, aparentemente, ha sido mimada, protegida, caprichosa, de buena familia y no le ha faltado de nada. Es una mujer libre con una vida completamente feliz. Lo último que puede pensar es que es sospechosa de nada.

—Uno de los elementos más característicos de la serie es que no te presentan a los personajes de antemano y los descubres ya en el interrogatorio.

—C.M.: Te los presentan de golpe y porrazo y por eso piensas: ¿pero esta mujer de qué habla? Luego todo se tuerce para ella y acaba descubriéndose qué tipo de mujer es y te produce pena y rechazo. En cualquier caso, yo creo que es un tipo de personaje con una energía que existe. Hay personas que funcionan así, desde un lugar muy frívolo.

—‘Criminal’ no es una serie de acción, sino que está centrada en sus diálogos, en el duelo psicológico entre los sospechosos y los policías, en el que cada uno juega a su manera siguiendo una estrategia.

—E.F.: Hay unos más torpes, otros más sutiles, otros más incisivos, otros más de bisturí... Carmen, el tuyo es más de dentista (ríe).

C.M.: ¡Sí! Los interrogatorios son fascinantes y siempre funcionan muy bien en la ficción. A mí siempre me han atraído muchísimo, porque debes tener un continuo control. Debe haber muchísima escucha, te sientes observado todo el rato, pero no tienes que parecer sospechoso por si acaso, porque aquí tampoco se sabe si esta mujer ha hecho algo o no. Así que tienes que andar con pies de plomo y eso es interesantísimo.

—¿Cómo ha sido trabajar en la primera serie paneuropea de Netflix?

—C.M.: Es como si el equipo de investigación viene a la comisaría de Madrid a interrogar a sus sospechosos. Ha sido peculiar. Estábamos sentados en las mismas sillas, veías las mismas mesas, el mismo escenario... Pero con historias diferentes.

E.F.: Ha sido curioso ver el mismo espacio en las diferentes versiones, pero lo distintos que somos entre un país y otro.

—¿Ustedes han notado mucho la diferencia entre las versiones de los diferentes países?

—C.M.: Por ejemplo el inglés, sin tener nada que ver con los nuestros, tiene todo que ver. Igual que, a veces, entre los tres del mismo país no tienen nada que ver porque son personajes muy distintos. Pero sí que el equipo de interrogadores en cada país está formado, más o menos, por el mismo perfil de los personajes de aquí, aunque con otros actores, y tiene el mismo esquema: un interrogado y la batalla psicológica que existe, el juego del ratón y el gato. Curiosamente, viendo el inglés, el de David Tennant, ves que es la misma serie pero tiene un color distinto porque las maneras de interpretar son diferentes, ni mejor ni peor. ¡Lo british siempre será british!

—¿Hay previsión de rodar más capítulos?

—C.M.: Por lógica, Eduard y yo no volveríamos a estar aunque hubiera otra temporada. Los que sí que podrían repetir son los investigadores, que están basados en un equipo inglés muy famoso que se dedica a los interrogatorios.

—E.F.: Bueno, yo no descarto que mi personaje, Carmelo, volviera a entrar otra vez viendo las veces que ha pasado ya por la comisaría (ríe).