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«Sin la perspectiva femenina, el relato está incompleto»

 

Celia Freijeiro y Aixa Villagrán, actrices de la serie ‘Vida perfecta’, qie dirige Leticia Dolera. - LAURA GUERRERO

Celia Freijeiro y Aixa Villagrán, actrices de la serie ‘Vida perfecta’, qie dirige Leticia Dolera. - LAURA GUERRERO

MARISA DE DIOS
11/11/2019

Aunque ambas han participado en unos cuantos trabajos televisivos, Vida perfecta quedará marcada para Celia Freijeiro (Vigo, 1983) y Aixa Villagrán (Sevilla, 1980) no solo en su currículum, sino también como experiencia vital, por la piña que han creado con su directora y coprotagonista, Leticia Dolera, a la que defienden con uñas y dientes. «Leti ejerce el liderato desde un lugar tan generoso, empático y humilde, que tú tienes que estar a ese nivel», aseguran.

–‘Vida perfecta’ rompe muchos tabús mostrando a las mujeres.

–Celia Freijeiro (C.F.): Eso me gusta mucho. Mi personaje, Cristina, toca dos temas tabús. Por un lado, lo que significa ser una mujer trabajadora hoy en día, querer llegar a todo y no poder. Y luego, que se reconecta consigo misma a través de su sexualidad, que es algo muy refrescante que tiene la serie. Las mujeres solemos estar representadas como objetos de deseo, pero aquí sentimos deseo y lo satisfacemos.

–Aixa Villagrán (A.V.): Esther es hedonista y disfrutona. Es una chica lesbiana, pero en ningún momento es la lesbiana de la serie, su sexualidad no es un conflicto, su conflicto es otro.

–Su conflicto está relacionado con el triunfo profesional.

–A.V.: Esther está a punto de cumplir 40 años y no ha alcanzado ninguna de las expectativas que la sociedad espera de nosotros cuando tenemos esa edad. No tiene estabilidad económica, ni emocional, ni una casa en propiedad, ni un trabajo estable... Me parece muy bonito lo que plantea el personaje, que es la idea que tenemos del éxito, de lo que significa triunfar en la vida. Ella es muy libre y no tiene ningún problema, pero entra en crisis cuando siente esa presión social.

–¿Han pasado ustedes por esas crisis de las que habla la serie?

–C.F.: Cuando leí los primeros guiones, me sentí identificada porque Vida perfecta hacía reflexiones que yo he hecho con mujeres de mi entorno. La serie no es moralista ni panfletaria, ni te dice lo que está bien y lo que está mal, sino que empieza a poner cartas encima de la mesa y te plantea muchas preguntas.

–‘Vida perfecta’ está mostrada desde una perspectiva femenina. ¿Hará que los hombres se replanteen ciertas cosas cuando se den cuenta de cómo les vemos?

–C.F.: Sin la perspectiva femenina, el relato cultural está incompleto y es importante y enriquecedor tener esta visión. Para los hombres puede ser muy refrescante tener esa otra perspectiva, verse ahí y decir: Mira cómo nos relacionamos, cómo nos ven, dónde estamos. Yo creo que estamos tendiendo un puente de empatía, entablando un diálogo.

–A.V.: Leti no ha escrito la serie teniendo en la cabeza un mensaje. Hablaba de las cosas que le inquietaban a ella y a su entorno y ha surgido esta historia universal, que le puede pasar a cualquiera. No creo que sea una crisis exclusiva de la mujer.

–C.F.: La serie empieza muy en lo mental, en lo que es la idea del éxito, del fracaso, de la familia, de la pareja, de la fidelidad, de la maternidad... Y cuando los personajes entran en crisis se olvidan un poco de esas ideas para bajar a lo emocional, a cómo nos sentimos... Y en lo emocional todos somos iguales, da igual de dónde vengas, tu sexo o tu raza.

–A.V.: Cuando la serie se proyectó en el festival de Cannes, se nos acercaban señoras de todas las edades y chicas jóvenes después del descanso y nos decían que se sentían muy identificadas con los personajes. Pero también venían chicos. La serie trata temasque nos afectan a todos.

–¿Cómo vivieron la polémica en la que se vio envuelta la serie en medio del rodaje? Porque el papel que hace Celia era el que iba a representar Aina Clotet.

–C.F.: La serie habla por sí misma en cuanto a decisiones artísticas. Cristina es un personaje con unas características y necesitaban a una actriz que las cumpliese.

–A.V.: ¿Que cómo lo vivimos? Evidentemente, nosotras no tomamos ninguna decisión, pero vivimos esa decisión. Leti era la capitana del barco y, aparte de que es una persona que ejerce el liderato haciendo que el equipo se una mucho, nos fuimos contagiando de lo que estaba pasando ella, que estaba viviendo un momento muy desagradable. Vi que Leti no lo estaba pasando bien y estuvimos ahí apoyándola.

–Ambas tienen hermanos actores, igual que ustedes. ¿Estaba el tema artístico muy presente en sus hogares para despertar esta vocación por la interpretación?

–A.V.: Mis padres no son artistas frustrados, como he leído por ahí, sino que son unos artistas que no han ejercido nunca como tales. Son personas muy creativas, que tocan la guitarra, que desde que éramos pequeños nos han llevado al cine, al teatro, a conciertos, que nos ponían cine subtitulado en casa, que nos apuntaron a un colegio en el que teníamos una asignatura de teatro... Así que desde niña, cuando hice Yerma en el colegio con aparatos en los dientes, lo tenía muy claro.

–C.F.: Yo vengo también de una familia un poco genuina. Mi padre es pintor y artista plástico y a mi madre siempre le gustó el arte, canta maravillosamente bien, toca la guitarra... Así que con ese ambiente tan cultural estábamos abocados a dedicarnos a algo de esto, teníamos esa sensibilidad muy desarrollada.

–¿Hay previsión de que se ruede una segunda temporada de Vida perfecta?

–C.F.: ¡Ojalá! A ver qué pasa... Yo creo que hemos empezado con muy buen pie...

–A.V.: Y la gente parece que ha conectado con la serie. Así que yo espero que haya una segunda temporada.