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Aniversario de un momento histórico // Se cumplen 40 años de las primeras elecciones municipales

Cuando el pueblo votó a su alcalde

3 de abril de 1979: los extremeños eligen libremente por primera vez en democracia a sus representantes en el ayuntamiento. Felisa Blanco (PCE), Amador Álvarez (UCD) y Eugenio Álvarez (PSOE) recuerdan cómo vivieron su nombramiento

 

La candidatura independiente al Ayuntamiento de Cáceres en 1979 junto a su líder Juan Bazaga. - EL PERIÓDICO

Propaganda política del Partido Comunista en Extremadura en el año 1979. - EL PERIÓDICO

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El voto «muy dobladito, para que nadie lo viera», sobre todo la gente mayor. Lo llevaban desde casa, porque entonces las papeletas se repartían puerta a puerta. «Todos los sobres eran blancos, pero los de un partido en concreto tenían un tono un poco distinto. Y cuando empezamos a hacer el recuento nos dimos cuenta de que algunos habían cambiado esa papeleta de dentro por otra...», recuerda Felisa Blanco Marín, que ahora tiene 70 años. Ella forma parte de esa primera generación de alcaldes extremeños que estrenaron la democracia. También fue una de las siete únicas mujeres de la región que ocuparon ese puesto en su pueblo. El suyo era Almendral (Badajoz). Se presentó por el Partido Comunista (PCE).

El 3 de abril de 1979 los ciudadanos pudieron elegir libremente a sus representantes en el ayuntamiento. Se celebraron las primeras elecciones municipales después de la dictadura franquista. Los españoles ya habían acudido a las urnas en 1977 y en marzo de 1979, pero ahora se trataba de votar a sus políticos más cercanos. Se cumplen cuatro décadas de aquel momento histórico.

Curiosamente, 1979 es el único precedente de que haya comicios generales y municipales con apenas un mes de separación. Volverá a ocurrir este año con las citas del 28 de abril y el 26 de mayo (cuando también se vote en las autonómicas y las europeas).

La anécdota que recuerda Felisa Blanco evidencia que, aunque fue una época en la que se respiraba mucha ilusión, el recelo no había desaparecido.

Pero había un impulso más fuerte que comparten los protagonistas de aquel momento: «El deseo enorme de mejorar los pueblos, que estaban abandonados, porque no había un duro». Con la democracia también empezó a llegar dinero a los ayuntamientos.

Eran tres las necesidades básicas: llevar el agua y el saneamiento a todo el municipio, «y no solo a donde vivían las familias pudientes», que hubiera iluminación de noche, «para no tener que sacar a los enfermos a oscuras», y pavimentar las calles, porque en la mayoría solo había barro y piedras. «Lo primordial era que la gente dispusiera de un váter donde hacer sus necesidades y no tener que irse a la cuadra o al corral», resume la exalcaldesa de Almendral, un municipio que en aquel momento sumaba 1.600 habitantes; ahora no llega a 1.300.

Una de sus principales luchas fue que se construyera un pantano (lo hicieron en Nogales, a apenas ocho kilómetros). También, lograr lo que entonces se llamaba el paro agrícola, «para que llegara un sueldo a las casas».

¿UNA MUJER COMUNISTA?

La familia de Felisa Blanco siempre fue de izquierdas y ella no podía evitar sus inquietudes políticas. Empezó a militar en el PCE cuando el partido todavía era ilegal, «cuando me enteré de dónde se reunían».

Decidieron que fuera ella la candidata porque todo el pueblo la conocía «y porque era la que tenía más tiempo libre».

«Pero yo era consciente que no podía competir con las otras listas». Sobre todo, asegura, con la de UCD (Unión de Centro Democrático). «Ellos llevaban a médicos, maestros... Yo no tenía una carrera universitaria, había trabajado como telefonista y en una panadería, en mi candidatura había jornaleros...».

Así que cuando contaron los votos en el ayuntamiento (donde estaba el colegio electoral) y se dio cuenta que había ganado, no se lo creía. Se fue a casa para llamar a Badajoz y cuando descolgaron el teléfono se puso a llorar: «Y me decían: ‘¡Te lo advertimos Felisa, que no te hicieras ilusiones!’. Y yo: ‘Que no, que es de emoción’. Es que nadie se lo podía creer. ¿Un alcalde comunista? ¿Y encima mujer? Era impensable...».

No sacó mayoría absoluta y gobernó con el apoyo del PSOE, una fórmula que en aquel momento se repitió en muchos municipios de España. En su segunda y última legislatura, sí obtuvo más de la mitad de los concejales.

Recuerda que el día que iban subiendo la calle para tomar posesión, miró a sus compañeros y soltó: «¿Y ahora, qué hacemos?». Porque todo era nuevo: las diputaciones, la Junta de Extremadura, todo estaba por hacer. Y por aprender.

Reconoce que recibió mucha ayuda. De compañeros de otros partidos, del párroco del pueblo... «Yo soy atea, pero cuando tenía algún problema lo llamaba, y nos entendíamos muy bien».

«Venían los hombres a verme al ayuntamiento y se quitaban la gorra y me trataban de usted. Y a mí me daba la risa porque en la calle me hablaban de tú. Y yo les insistía: ¡Aquí sigo siendo la misma Felisa!».

No sintió que la miraban con desconfianza por ser mujer, «porque la gente me conocía perfectamente», pero sí se lamenta de cierto clasismo por no haber tenido una carrera. «Pero cuando vieron que yo podía, que el pueblo iba bien, eso se olvidó...».

EL ÚNICO

Fue la UCD la que mejores resultados obtuvo en las municipales de 1979. De hecho, gobernó en Cacéres, Badajoz, Plasencia, Almendralejo... También en las dos diputaciones provinciales. Y en pequeños pueblos como Carrascalejo (Cáceres), con Amador Álvarez Álvarez al frente. De hecho, él es el único alcalde que ha tenido su pueblo. La que termine será su décima legislatura. Y aún le quedan ganas. «Cuando llegó la democracia los amigos se empeñaron en hacer una lista. Yo me resistía y dije que les ayudaba desde fuera. Que yo era maestro y que no entraba en política. Lo cierto es que mi mujer era de Cáceres y yo iba mucho, de manera que me hacían encargos: que si el catastro, que si este trámite...». Al final tras tres noches en su casa hasta las tantas de la madrugada, decidió dar el paso. La de UCD fue la única lista que se presentó aquel año. Amado Álvarez aseguró que solo iba a estar una legislatura. Han pasado 40 años. Desde UCD se unió a Alianza Popular (AP) y después al PP.

Tomó posesión el 19 de abril de 1979, cumplidos los 34, y recuerda perfectamente aquel día. «Porque no vino nadie, ni siquiera la anterior corporación para hacer el traspaso de poderes. No sabíamos qué hacer. El pueblo estaba como un hospital robado. Y pensamos que lo primero era arreglar las calles».

Dice que lo más complicado es «la política del ya que...»: «Ya que te veo en esta boda, en este bautizo o en este bar, pues te cuento lo que quiero... Y van a mi casa y si no estoy, pues le explican el problema a mi mujer. Ser alcalde también es eso. Y mira que en mi primer mitin dije que las cosas del ayuntamiento, en el ayuntamiento».

Desde su experiencia de estas cuatro décadas destaca el «importante papel» que han desempeñado las diputaciones en localidades menores como la suya: «La Junta queda lejos y lo que nosotros tenemos son pequeñas necesidades».

Y se lamenta de la despoblación que sufre Carrascalejo, donde ya no hay colegio. En 1979 era 700 vecinos, ahora no llegan a 250.

UN GOBIERNO COMPARTIDO 

En las primeras elecciones municipales de la democracia el PSOE también se abrió camino y empezó a implantarse como referente en el medio rural. Por ejemplo en Calamonte (a menos de diez kilómetros de Mérida), donde Eugenio Álvarez Gómez se convirtió en alcalde de un partido en el que, asegura, se sigue sintiendo muy cómodo. Tenía 35 años y, subraya, «vivía intensamente la política».

Fue en 1976 cuando decidió involucrarse de lleno. «Recuerdo una reunión con Alfonso Guerra en la que también estuvieron Francisco Fuentes (quien fuera secretario provincial del PSOE en Badajoz, diputado en el Congreso y en la Asamblea y senador) y Manuel Rojas (alcalde de Badajoz entre 1983 y 1991). El partido se refundó y quise estar ahí».

Se presentó a la alcaldía de su pueblo y logró 5 de los 11 concejales. El PCE se llevó tres y UCD otros tantos. Los primeros le apoyaron para que gobernara, los segundos se abstuvieron. Y tomaron una decisión conjunta: «Decidimos que todos íbamos a formar parte de la corporación, que cada uno tendría una delegación. Y así transcurrió la legislatura. Estábamos empezando y había convivencia. Queríamos avanzar».

En esos primeros años arreglaron las calles, pero también construyeron la primera piscina municipal. Calamonte contaba entonces con 4.600 habitantes, ahora son unos 6.300. Es de los pocos pueblos que ha sumado vecinos.

Eugenio Álvarez dejó el ayuntamiento para ejercer de consejero en la Junta de Extremadura. También fue senador. Y en 2015 volvió a su localidad para presentarse de nuevo a las municipales. Desde entonces es otra vez alcalde; y el candidato para el próximo 26-M.

Cuando echa la vista atrás, recuerda cómo vivió aquel despertar histórico y lo compara con la realidad de ahora, expresa: «No hay ilusión. Ni del político ni del ciudadano».

Comparte sensación el alcalde de Carrascalejo, y reflexiona: «A pesar de que éramos una lista única, los temas que planteábamos los discutíamos mucho más que cuando ha habido grupos de diferentes ideologías. Quizás fue el momento democrático más limpio».

Y Felisa Blanco apostilla: «Es que no había nada, ni libertad ni comodidades. Tuvimos que pelear por todo. Y parece que se ha olvidado lo mucho que costó».

   
1 Comentario
01

Por Tosapla 12:28 - 31.03.2019

Que pocos quedamos de los de la foto. Entonces los alcaldes y concejales no cobraban. Los impuestos eran mínimos (creo que no llegabamos ni al 5 % de nuestros ingresos), en cambio las cotizaciones sociales eran fuertes, sobre el 30 % del salario bruto. Eran cuotas finalista que cubrian la diversas contingencias. Por cierto que de los dineros que por este concepto habiamos acumulado los trabajadores (mas de un billon -con B_, zl cambio zctual) los socialistas lo hicieron desaparecer.