+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

González y Guerra rescatan el fin de ETA para avivar al PSOE

 

De izquierda a derecha, Guerra, Griñán, Rubalcaba y González, ayer, en Dos Hermanas (Sevilla). - Foto:EFE / JOSE MANUEL VIDAL

06/11/2011

Cuando estaba diseñando esta campaña, Alfredo Pérez Rubalcaba llamó a Alfonso Guerra. "A mí los mítines grandes me dan como cosa. Prefiero los pequeños, en plan clasecita," le dijo el candidato al exvicepresidente. "Tienes que hacerlos grandes, para que chilles", contestó Guerra. "Bueno. Haré dos". "No. Tienes que hacer más".

Rubalcaba colgó. Después, le dio la razón. Pese a que en las pasadas autonómicas y municipales el PSOE sostuvo que la época de los grandes actos se había acabado porque requerían demasiado esfuerzo, el formato masivo ha vuelto. Rubalcaba ofrecerá mítines ante auditorios numerosos hoy en Valencia y el próximo domingo en Zaragoza, pero el realmente apoteósico, el mitin que salvo sorpresas quedará fijado en la memoria de los socialistas en esta campaña a la desesperada, ocurrió ayer. Con Felipe González y Guerra como teloneros de lujo --"los Beatles", en palabras del candidato--, saltándose por completo el guion, siendo "políticamente incorrectos", según su propia confesión, aplicando el desfibrilador a una militancia deprimida ante los sondeos, volviendo a las raíces más clásicas del socialismo e incluso insinuando que el PP trató de retrasar, para su propio provecho, el comunicado de ETA en el que anunció el cese definitivo de la violencia. Fue en Andalucía, clave junto a Cataluña para lograr un resultado aceptable, ante un público extático (más de 25.000 personas) que llenó el velódromo de Dos Hermanas (Sevilla), bastión inexpugnable de los socialistas hasta que Mariano Rajoy, en el 2009, se desplazó hasta aquí y no dejó ni una silla vacía.

SOMBRA ALARGADA El PSOE necesitaba algo así. Y ahora mismo solo González y Guerra, antiguos enemigos convertidos en compa- ñeros de viaje, en estos tiempos en los que el PSOE ha perdido casi todo su poder, pueden llevarlo a cabo. Por su capacidad para hipnotizar al auditorio, ausente en dirigentes más jóvenes, pero también porque no han estado en el Gabinete de José Luis Rodrí- guez Zapatero. La alargada sombra del último tramo de la legislatura no sobrevuela sus cabezas.

Comenzó Guerra. Tildando a Rajoy de "líder tumbao, perezoso, con desgana y desidia". Acusando a los dirigentes del PP de formar parte de "una u otra secta: Legionarios de Cristo, kikos, Opus Dei...". Diciendo que "Al Capone, hoy, se llama Lehman Brothers", y que la auténtica "mafia" está formada por las "agencias de calificación". Cargando incluso contra la recapitalización de los bancos impulsada por Zapatero cuando Rubalcaba estaba en el Gobierno. Y, por fin, el plato fuerte: insinuando que el líder del PP le pidió a José María Aznar que hablara con sus "amigos del Movimiento de Liberación Nacional Vasco" --así llamó al entorno de ETA el presidente del PP durante el proceso de paz llevado a cabo por su Ejecutivo-- para ver si podían "retrasar" el comunicado hasta después del 20-N. "Sé que todo eso es políticamente incorrecto --concluyó--, pero la verdad amarga, y quiero echarla de la boca".

SIN PELOS EN LA LENGUA El expresidente fue otra cosa. Más académico, menos demagogo. Pero también hincó al diente a cuento de ETA. Dándole una vuelta de tuerca al presunto retraso reclamado por el PP a la banda, González se preguntó: "¿Y si lo hubieran intentado?".

No es que el PSOE, que no quiere usar la lucha antiterrorista, haya entrado en una nueva fase de la campaña. Es que Gon- zález y Guerra, a estas alturas, dicen lo que quieren, según el entorno de Rubalcaba. Ante esta descarga, el discurso de este, que transcurrió por los habituales cauces, fue menos relevante. Pero hay que dejar constancia: críticas a los recortes del PP, reivindicación de los valores del PSOE y llamamientos al voto.