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«La sociedad se distanció de las víctimas»

 

«La sociedad se distanció de las víctimas» - VINCENT WEST

09/04/2017

Izaskun Sáez de la Fuente, doctora en Sociología y Ciencia Política, es miembro del Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Deusto, en Bilbao, y directora de la mayor investigación que se ha realizado sobre el mal llamado impuesto revolucionario de ETA, un calvario que han soportado más de 10.000 personas en Euskadi.

–En su tesis doctoral del 2002 señalaba que «la fractura en la sociedad vasca está entre la pequeña parte que legitima la violencia y el resto, que comparte los valores de cualquier sociedad occidental». Desde el fin de la violencia de ETA, y en puertas de su desarme, ¿se ha reducido la fractura?

–Es pronto para calibrar el cambio. No obstante, creo que aún queda un largo camino en términos de reconocimiento público del daño causado y de regeneración de la convivencia. En términos generales, el desmarque de la violencia de la izquierda aberzale ha tenido un carácter instrumental y no ha obedecido a un impulso ético de fondo.

–Este año ha presentado, junto al Centro de Ética Aplicada-CEA de Deusto, el estudio ‘Misivas del terror’, que analiza la extorsión de ETA a través de testimonios anónimos. ¿Son las víctimas olvidadas?

–Creemos que sí. Han estado prácticamente ausentes de los actos de reconocimiento, no han participado en el programa de víctimas educadoras en las aulas y ha sido muy difícil que alguna esté presente en encuentros entre distintos tipos de víctimas. La mayoría de los extorsionados mantuvieron el asunto en privado, para no preocupar a los allegados y no verse condicionados en la decisión a tomar [pagar/no pagar]. Y ETA quería que se supiera que la extorsión existía para crear un clima favorable a la cesión. No obstante, cuando detectaba resistencias al pago, comenzaba un proceso de visibilización que intensificaba la sensación de intimidación, y que abarcaba desde el envío de cartas a familiares hasta el asesinato, pasando por actos de violencia callejera ante la empresa o el domicilio de la víctima.

–¿La sociedad vasca está en deuda con los extorsionados?

–Buena parte mantuvo una actitud indiferente y públicamente distante hacia las víctimas del terrorismo en general y de la extorsión en particular. En las últimas décadas la curva de la intimidación se fue rompiendo y el panorama poco a poco cambió. La violencia de persecución hizo visible con toda su crudeza el potencial de extorsión y de intimidación de la trama política del nacionalismo radical, sobre todo durante los secuestros. No solo los apoyaron explícitamente con eslóganes como «Julio [Iglesias Zamora], paga lo que debes» o «Aldaya, paga y calla», sino que buscaron amedrentar a las minorías que se manifestaban demandando la libertad de los secuestrados. Dicho sector, cómplice activo de la victimización, tiene una especial responsabilidad a la que debe enfrentarse para favorecer la reconstrucción de su identidad cívica y la regeneración ética de la convivencia.

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