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LAS NEGOCIACIONES

Las ocasiones perdidas

La entrega de las armas choca con las oportunidades de acuerdo que desperdició la banda

 

Protagonistas 8 Josu Ternera y Arnaldo Otegi en el Parlamanto Vasco. - RAFA RIVAS

AITOR UBARRETXENA
09/04/2017

La entrega unilateral e incondicional de las armas de ETA, 66 meses después de su cese definitivo de la actividad armada, hay que situarla en el contexto de la historia de la banda y de sus múltiples negociaciones y conversaciones con representantes del Gobierno español.

Tras desaprovechar más de una decena de oportunidades para dejar las armas y obtener algún tipo de rédito, finalmente no ha logrado siquiera que los gobiernos francés y español se impliquen en la recogida del armamento del que quieren deshacerse. Más lejos aún quedan las condiciones que ha puesto sobre la mesa en las sucesivas mesas de negociación.

Las primeras conversaciones de representantes del Gobierno español con ETA se remontan a 1976, cuando la banda estaba dividida en ETA militar y ETA político-militar. Tras años de contactos fallidos, sin que en ningún momento cesaran los atentados, el único éxito tangible fue la disolución de ETA político-militar en 1982.

En apenas dos años, 150 miembros de la organización salieron de la cárcel o regresaron de Francia.

1988

Primer ofrecimiento

El primer ofrecimiento de tregua lo realizó ETA el 29 de enero de 1988, con el objetivo de reanudar las conversaciones entabladas en Argel un año antes. Sus pretensiones se centraban por aquel entonces en la denominada Alternativa KAS, que incluía la amnistía, la disolución de los cuerpos represivos y el reconocimiento de la soberanía nacional de Euskadi para que optara, si así lo deseaba la sociedad, por la creación de un Estado propio. Las conversaciones fracasaron cuando la banda exigió el traslado de tres dirigentes encarcelados en Francia y el establecimiento de una mesa del PSOE y HB.

1998

Emisario de Aznar

Los gobiernos de Felipe González habían hecho varios intentos de acercamiento a la banda que no cuajaron, como el gestionado a través del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel en 1995. Con la victoria del PP en 1996, se cortaron los contactos. Sin embargo, dos años más tarde, José María Aznar autorizó una reunión con ETA, aprovechando la tregua declarada en septiembre de 1998 tras la firma del pacto de Lizarra, suscrito por ETA, HB, EA, PNV, IU y los principales sindicatos nacionalistas.

En la única reunión celebrada, la banda exigió el reconocimiento del derecho de autodeterminación y que se abordaran cuestiones políticas, a lo que los enviados del Gobierno se negaron. No hubo segunda cita.

2006

La última oportunidad

Entre el 2005 y el 2007 se llevó a cabo la última negociación con ETA, gestada con discreción durante meses por el socialista Jesús Eguiguren y el líder de la izquierda aberzale Arnaldo Otegi. Ginebra y Oslo fueron algunas de las ciudades en las que se reunieron dirigentes etarras como José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera; o Xabier López Peña, Thierry, con Eguiguren, que estaba en contacto con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Sobre la mesa, la posibilidad de canjear paz por presos, mientras en otra mesa paralela, los partidos vascos decidirían el futuro político de Euskadi. En esta segunda negociación se llegó a plantear, en el marco de la Constitución, la posibilidad de crear una entidad interparlamentaria entre la comunidad vasca y la comunidad navarra, a través de un proceso vinculado a la voluntad de vascos y navarros.

Aunque el acuerdo entre las formaciones políticas estuvo cerca, ETA exigió que se aprobara la creación de un órgano común de Navarra y Euskadi, con capacidad legislativa, en el plazo de dos años, una condición inasumible para PSE y PNV. Las conversaciones encallaron y las negociaciones en ambas mesas quedaron definitivamente sepultadas bajo los escombros de la T-4 de Barajas a finales del 2006. Aunque aún hubo algún contacto posterior, ningún Gobierno volvió a sentarse con ETA.

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