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Veto al móvil en las aulas

El uso de teléfonos personales no está regulado y la consejería lo deja en manos de cada centro. Salvo clases puntuales, los centros suelen optar por la prohibición dentro del aula o en todo el recinto

 

Un alumno mira su móvil. - EL PERIÓDICO

Guadalupe Moral
26/10/2019

Al primer aviso el alumno se queda sin móvil y tiene que ir recogerlo a la Jefatura de Estudios a la salida del instituto. Al segundo aviso, se llama a los padres y tienen que ser ellos los que acudan al centro a recuperar el teléfono de su hijo o hija. Porque el móvil está vetado en buena parte de los centros escolares extremeños. No existe una regulación al respecto, pero sí una circular regional vigente desde el 2006 que deja en manos de cada centro decidir su política y que recomienda que sean los Consejos Escolares los que regulen, «y en su caso prohíban», el uso de los teléfonos en el recinto escolar «con el fin de evitar innecesarias distracciones en las aulas y especialmente acciones contra la dignidad e integridad física y moral del alumnado».

«No podemos prohibir que lo traigan, pero sí que lo usen dentro del centro», cuenta Marisa Sánchez, directora del IES Reino Aftasí de Badajoz. Estos dispositivos personales no suelen ser bien recibidos en los centros escolares porque, advierte Sánchez, tampoco suelen ser bien utilizados. «Para ellos es muy natural hacer fotos o vídeos en cualquier lugar pero no son realmente conscientes de lo que eso conlleva. El motivo de la prohibición es principalmente la protección de datos y el derecho a la intimidad», insiste la directora.

AL PRIMER AVISO

En el IES El Brocense de Cáceres las reglas son similares, pero aquí la primera vez que se ve al alumno utilizando el móvil hay llamada a las familias. «La norma es que no pueden usarlo en las clases y los padres junto a la matrícula tienen que firmar un documento en el que se comprometen a que sus hijos no lo van a usar», explica la directora del IES, Milagros Lancho. Y la política se repite unos metros más allá, en el IES Norba Caesarina. «En nuestro caso está prohibido el uso y la exhibición del móvil en todo el centro. Normalmente lo que sucede es que los más pequeños no lo traen pero los mayores sí suelen traerlo», explica María Delgado, la directora. ¿Es motivo de conflicto? «Intentamos que no surjan, pero suele haber algún conflicto con ese tema porque hoy en día todos tienen móvil, lo usan mucho y quieren consultarlo».

HAY EXCEPCIONES

En estos tres centros extremeños el veto al móvil se levanta cuando algún profesor o profesora decide usarlo como herramienta educativa en sus clases, algo que ocurre cada vez con más frecuencia porque también tiene su parte positiva. «Es un elemento que motiva al alumno. Yo lo he usado en muchas ocasiones en mis clases de Lengua y Literatura, hay muchos recursos y a los chavales les encanta», cuenta Sonia Rivas, profesora en el IES Santiago Apóstol de Almendralejo.

Y ahí están los dos debates de siempre: ¿prohibición para evitar distracciones, adicción, acoso, intimidación... o integración en la rutina diaria para aprovechar un recurso tan extendido como modelo pedagógico?

La decisión no es sencilla. «Prohibir el móvil es la forma más simple, pero no es la mejor solución. Prohibir supone a veces otros problemas de control, de fiscalización, de imponer sanciones y eso genera agresividad en el entorno. Es un tema complejo, nos va a costar esfuerzo y será una larga batalla, pero no podemos obviar la realidad. La presencia del móvil en las aulas hay que regularla contando con los docentes y también con los alumnos y hay que aprovecharla », reflexiona Andrés Ángel Sáenz del Castillo, vicepresidente de la Asociación Pedagógica Escuela de Verano de Extremadura.

A su juicio, el problema de fondo es que la escuela todavía no ha asumido que ahora tiene competencia. «Antes los docentes enseñaban un contenido que era único, pero hoy cualquier contenido de clase está tratado en internet e incluso de forma más atractiva; ese es el gran problema. No podemos resistirnos a la nuevas tecnologías y cuando antes nos pongamos a ello mejor. Es un reto. Antes solo teníamos alumnos, ahora tenemos alumnos con móviles». Y no son precisamente pocos. Las últimas estadísticas del INE muestran que el 77,6% de los niños y niñas extremeños de entre 10 y 15 años tiene móvil. El dato de Extremadura es, además, el más alto del conjunto de las comunidades (la media nacional es del 66%).

COMPRENSIÓN Y ÉXITO

En esta línea, aunque la circular regional del 2006 sigue vigente, la Consejería de Educación ha actualizado su postura. Es partidaria de la inclusión de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la vida cotidiana de los centros, «en un entorno controlado y siempre orientado a la mejora del proceso de enseñanza y aprendizaje». Considera que, entre otros dispositivos tecnológicos, los móviles pueden convertirse en una herramienta que mejore el éxito educativo y la comprensión del alumnado.

Desde Educación recuerdan también que la Unesco no cesa de alertar de la necesidad de atender al uso de los dispositivos móviles en el ámbito educativo. «En su informe Directrices para las políticas de aprendizaje móvil recomienda que las administraciones las implementen por múltiples razones». Entre ellas, el fomento de la igualdad y la equidad, la facilidad para el aprendizaje personalizado, la mejora del aprendizaje continuo, el apoyo a la inclusión o la mejora de la comunicación.

«Los datos nos demuestran que cada vez el acceso a estos dispositivos se produce con menor edad, por lo tanto, forma parte de la vida cotidiana de nuestras familias y de nuestro alumnado». El reto, prosigue, es trasladarlo con éxito al contexto educativo porque reconoce que también representa «una fuente importante de riesgos para personas que no estén debidamente formadas en las competencias digitales que necesita nuestra sociedad». Por ello, apunta, desarrollan actividades de formación del profesorado y programas de aula, como Foro Nativos Digitales, que «pueden ayudar a utilizar de manera segura estos dispositivos y esta tecnología».

NATIVOS DIGITALES

Durante este curso un total de 213 centros educativos (39 más que el curso pasado) participan en este proyecto. Entre ellos se encuentra el IES Santiago Apóstol de Almendralejo. «Lo que hacemos en las horas de tutorías es enseñar a los alumnos a hacer un buen uso de las nuevas tecnologías en general, entre ellas del móvil, y abordamos las redes sociales de manera particular –nueve de cada diez jóvenes de entre 14 y 16 años tiene perfil propio en alguna red social–. Hablamos de las repercusiones que puede tener en su futuro, de esas fotos que suben sin ningún temor y luego acaban en manos de empresas», explica Sonia Rivas, la responsable de la iniciativa en este instituto. Aquí no se prohíbe que los alumnos lleven el teléfono a clase, aunque si no lo autoriza el docente no se puede usar en el aula. Sí está permitido en los pasillos, durante el intercambio de clases y también en el patio del recreo «siempre que no se moleste y se utilice bien».

CUESTIÓN DE TIEMPO 

Y ese es el gran reto para los docentes. «Es una tecnología que nos ha invadido muy rápidamente y para la que seguramente no tenemos todavía claro un comportamiento ni cómo utilizarla. Y ocurre en el entorno educativo pero también en otros contextos de la sociedad. No es raro ver a adultos en el cine o en el teatro usando el móvil en medio de la película o de la obra. Y todos deberíamos saber comportarnos en esos momentos, pero nos cuesta», reflexiona Jesús Valverde, profesor de la Facultad de Formación del Profesorado de la Universidad de Extremadura e investigador en TIC aplicadas a la educación.

Ante eso, este docente considera que el modelo familiar ayuda mucho a que los niños sepan cómo y en que momento utilizar el móvil. «La escuela quizá todavía no ha encontrado la forma y lo que ve más oportuno es prohibir para evitar situaciones que pueden ser muy complicadas, es de lo más natural, pero creo que poco a poco eso irá cambiando. Tenemos retos por delante, ya hay algunas herramientas muy populares entre los docentes, y se puede sacar más partido pero necesitamos tiempo, experiencia y saber cómo hacerlo», insiste. A su jucio, son los docentes quienes deben decidir el papel que debe tener esta herramienta en las aulas en función, principalmente, de su contexto y de la formación.

ENTORNO FAMILIAR 

Entre las familias hay quienes consideran el móvil una herramienta de trabajo. «Somos partidarios de que se utilice dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje como se utilizan tablets u ordenadores», apunta Joaquín León, presidente de la Freapa, la federación de ampas extremeñas. No obstante, reconoce que su presencia también es motivo de conflicto. «Hay que hacer actividades de conciencia y de buen uso, pero el prohibir por prohibir. Es que el móvil sirve para muchas cosas, incluso como agenda para apuntarse los deberes, y eso lo hacemos también los adultos. No podemos olvidarlo».