Esta es la historia de tres ancianos que han elegido retirarse del mundo y vivir en los bosques de Canadá. Al tiempo que un gran incendio amenaza la región, alguien llega hasta su escondite. Da con ellos una joven fotógrafa que busca a un tal Boychuck. Y no es la única. Poco después, una mujer de más de 80 años aparece como una brisa ligera que alborotará sus vidas. Mientras intentan comprender la historia de Boychuck a través de sus pinturas, algo extraordinario surgirá entre todos ellos.

“La primera vez que leí la novela de Jocelyne Saucier quedé fascinada por su universo singular. En primer lugar, la narración es muy cinematográfica. Permite ver las cabañas de los ermitaños escondidas en el corazón del bosque de Abitibi con sus lagos neblinosos y oscuros. Nos llega el olor del bosque húmedo, del liquen y de la chimenea. Vivimos el día a día de los ermitaños, arrugados y alerta, con sus satisfactorias vidas. Nos fascinamos con Gertrude, la recién llegada de 80 años que aporta un asombroso soplo de aire fresco, a pesar de su demente pasado reprimido. Al terminar la novela, sus personajes vulgares y maduros, con trayectorias inusuales, me habitaron completamente y me llenaron el corazón y el alma. El libro narra algo grande de manera sencilla.

Y LLOVIERON PÁJAROS describe un universo único, visual, sensorial y cinematográfico con personajes ricos y atípicos. Es una oda a la vida y al amor, un tema universal que nos hace conocer a los otros, a sus diferencias. Por eso quise convertirlo en una película llena de amor y de gracia.

A lo largo de los distintos temas del guion, como el pasado (y su peso), la necesidad

de deambular y de huir (el bosque), la redención (mediante el arte); siempre tenemos presente el amor. El amor perdido, el amor nuevo, el amor atípico; todos ellos vibrantes de pasión. Dos historias de amor principales que se entrelazan y se responden mutuamente. Y todos los demás personajes están implicados de una forma u otra”.