Ramón María del Valle-Inclán escribió en 1920 una de las obras esenciales de nuestra dramaturgia, Luces de Bohemia. Con este texto quedó inaugurada una nueva manera de ver, de conceptualizar y de escribir: el esperpento, un género literario que deforma la realidad y que somete a una elaboración muy personal el lenguaje. El propio Valle-Inclán acuña, en Luces de Bohemia, su propia definición al respecto: “El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”.

Personajes turbulentos y situaciones grotescas se suceden a lo largo de los dos días en los que el poeta ciego Max Estrella, junto con su amigo Latino y el resto de personajes nocturnos, pululan por el Madrid más sórdido. A lo largo de la noche, estos dos vagabundos van encontrándose con todo el lumpen de la ciudad: delincuentes, prostitutas, proletarios mal pagados, policías, periodistas, ministros… En definitiva, un microcosmos completo de la sociedad de la época de entonces que no se distancia tanto de la de ahora.