El proyecto fotográfico en colaboración artística con David Matusevich y Bea Álvarez. En sí surgió de mi propio camino vital: creer. Creer que hay algo en mí y que algo me tenía el mundo preparado. Empezó como algo completamente inocente ya que nunca imaginé que mis fotografías pudieran alcanzar algo tan grande e inimaginable para mí como ha resultado ser el abarcar una exposición. Quise con todo esto ensalzar mi vida y la gente que la rodeaba puesto que me encanta hacer fotos y quería regalar eso de mí. Todo en mi vida estaba oscuro, hasta lo más profundo de mí. Y con esto, quise hacerle a la gente que quería esa ofrenda de amor para ellos. Así me di cuenta de la diferencia entre lo que unos aportan al regalo que les ofreces y lo que otros no, porque aparte de ser pasión, también es esfuerzo. Me puse a mí mismo a prueba e ir perfeccionando cada vez más. Apañármelas para saber cuál es el plano, cuál es el ángulo, el mejor perfil, es decir, la foto perfecta.

Así me limité a un formato cuadrado, puramente estético, pero que a su vez me hacía tener que sacar el mayor partido de una fotografía en un espacio muy limitado e impuesto por mí mismo. Una forma de demostrarme a mí mismo que con poco podía llegar a hacer todo aquello que había en mi interior. Fue a principios de este año cuando decidí lanzarme a este proyecto, porque tenía ganas de materializar todo por lo que había estado pensando hasta ahora. Tomármelo como una ofrenda de amor hacia aquellas personas a las que quiero y a mí mismo, de las que he podido alejarme en un momento dado del camino y a todas aquellas personas que me enseñaron algo en un determinado momento. No es que no estuviera, es que estaba en una misión para manifestar un sentimiento.