Durante muchos siglos y en numerosas culturas, las mujeres fueron meras sombras del hombre, y su papel estuvo relegado a las tareas del hogar, al trabajo de subsistencia y al cuidado de los hijos. Sin embargo, no fueron pocas las mujeres que consiguieron salir de ese círculo y hacer otras cosas, esas cosas “de hombres” que les estaban vetadas, y que aportaron mucho a su sociedad y al mundo. Fueron escritoras, místicas, médicas e incluso constructoras, pero sus vidas apenas se estudian en los libros de historia.

Rescataremos algunas de esas figuras fascinantes, que brillaron con luz propia en un periodo especialmente oscuro (la Edad Media). Fue en ese momento cuando el cristianismo comenzó a institucionalizarse y adoptar ideas misóginas y de sometimiento. Dos modelos extremos de mujer pueden considerarse: por un lado, Eva, la pecadora, la tentación, de quien todas las mujeres son hijas que no tienen salvación y, por otro lado, María, un ideal de pureza y virginidad inalcanzable.

Las mujeres molestaban a los padres de la Iglesia, y eran seres incompletos, imperfectos, analfabetos e incultos. Sin embargo, muchas de las figuras que destacaron en el medievo fueron religiosas y místicas, algo que no es de extrañar ya que en los monasterios, al menos durante un tiempo, las mujeres gozaron de cierta libertad al margen de los hombres, y muchos conventos femeninos funcionaron como verdaderos feudos, en los que las abadesas hacían y deshacían a su antojo.

Coordina: Francisco J. Olivares del Valle