Iconoclasta es un adjetivo de una precisión certera si se le aplica a Rocío Molina. Esta coreógrafa y bailaora de flamenco ha transgredido el baile con éxito (lo que aparenta contradicción), como podrán comprobar quienes asistan a Impulso. Vuelta al uno en los conciertos de

Flamenco en femenino, el cierre de su Trilogía sobre la guitarra, cuyas dos primeras partes presentó en 2020 en la Bienal de flamenco de Sevilla. Molina fue precoz en su arte. A los siete años esbozó sus primeras coreografías y a los 17 se graduó en el Real Conservatorio de Danza de Madrid. Su estreno se produjo a los 22 años con Entre paredes, a la que siguieron otras creaciones propias que tienen en

común una mirada curiosa y un quebrantamiento del arte flamenco para huir de caminos ya transitados. En ese camino ha colaborado con figuras del flamenco nacional como María Pagés, Miguel Poveda, Antonio Canales e Israel Galván, y con nombres de la creación artística contemporánea como Carlos Marquerie, Mateo Feijóo y Jean Paul Goude. Los reconocimientos no tardaron en llegarle. Posee, entre otros, tres premios Max de Teatro (2019, 2017, 2015) el Giraldillo de la XIX Bienal de Flamenco de Sevilla al baile (2016) y el Premio Nacional de Danza (2010).