Con las primeras luces del viernes, los fieles cristianos recorren devotos este camino hollado, siglo tras siglos, por aquellos frailes mendicantes y sus devotos.

En el camino que, siguiendo el antiguo acueducto, se dirigía al convento de franciscanos descalzos, se levantó el viacrucis que, a juzgar por el único crucero en pie, el de la sexta estación con lujoso fuste de mármol blanco e inscripción alusiva al gesto de la Verónica, debió tener importancia arquitectónica. Cruces más sencillas sustituyeron a las anteriores. Fueron los frailes de la capucha quienes enfervorizaron al pueblo con la pasión de Cristo, con la glosa de los sermones del "povorello" de Asís y las meditaciones pasionistas de San Buenaventura.