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Estreno de cine

Nia DaCosta se reafirma como una magnífica directora de cine de terror con esta entrega de la famosa saga inaugurada con '28 días después'

'28 años después: El templo de los huesos'

'28 años después: El templo de los huesos' / EPC

Desirée de Fez

‘28 años después: El templo de los huesos’

Directora: Nia DaCosta

Reparto: Jack O’Connell, Ralph Fiennes, Alfie Williams, Erin Kellyman, Chi Lewis-Parry, Connor Newall, Maura Bird, Robert Rhodes, Emma Laird, Ghazi Al Ruffai y Sam Locke

Estreno: 16 de enero de 2026

Puntuación: * * * *

Nia DaCosta hace en '28 años después: El templo de los huesos' tres cosas que no eran nada fáciles. La primera, conseguir que la película tenga sentido en el cuerpo de la franquicia a la que pertenece. La segunda, tomarle el relevo con convicción a un filme, '28 años después' (Danny Boyle, 2025), de una libertad y una naturaleza imprevisible difíciles de replicar y/o continuar. La tercera, hacer su propia película. Una película consistente dentro de la saga pero personal y atrevida en muchas de sus decisiones.

'28 años después: El templo de los huesos' es coherente en el conjunto y, a la vez, una propuesta extrañísima. Hay en ella apuestas curiosas, como la decisión de anteponer la palabra a la acción y lo íntimo a lo colectivo. También la bifurcación del relato en dos historias con sus propios universos, reglas y estéticas: los de Sir Jimmy Crystal (Jack O’Connell) y Dr. Kelson (Ralph Fiennes), dos personajes magníficos. O la decisión de abrir la saga a una visión más amplia del origen y la naturaleza del mal.

En la película hay decisiones conceptuales, narrativas y de dirección inesperadas pero muy consistentes. Es cierto que, hasta la llegada de su majestuoso clímax, la película se siente algo esclava de su estructura (Alex Garland firma el guion). Hasta ese punto, funciona mejor en sus set pieces que en conjunto (hay en la naturaleza bicéfala de esta película, en la forma de repartir la atención entre dos asuntos de energías y ritmos distintos, algo muy conectado a cómo nos relacionamos hoy con las imágenes). Pero la fuerza de muchas de esas escenas, la cantidad de ideas que DaCosta y Garland lanzan y las irresistibles interpretaciones de O’Connell y Fiennes, entregados a un disfrute macabro, equilibran esa rigidez. La contundencia del clímax, en el que DaCosta se reafirma como la gran directora de cine de terror que es, hace directamente que nos olvidemos.

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