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Entrevista

Sir Gary Oldman: "Las series superan en muchas ocasiones a lo que se ve en el cine"

Hablamos con el veterano actor inglés sobre la nueva temporada de 'Slow horses', la serie de espionaje de Apple TV+ que le ha brindado el papel de su vida

Gary Oldman en la quinta temporada de 'Slow horses'

Gary Oldman en la quinta temporada de 'Slow horses' / Jack English / Apple TV+

Juan Manuel Freire

Cuando creíamos saber de lo que era capaz Gary Oldman, llegó la serie 'Slow horses' (Apple TV+) para mostrarnos al actor inglés con un aspecto y unos matices inéditos y sorprendentes. Su interpretación de Jackson Lamb, engañosamente desastrado líder de un grupo de agentes del MI5 relegado, en principio, a los trabajos más aburridos, es historia de las series. Historia viva: acaba de estrenarse su quinta temporada, pero ya se sabe que habrá sexta y, si el público sigue respondiendo como hasta ahora, tan solo con las novelas originales de Mick Herron se podría llegar hasta la novena. Hablamos con el oscarizado Churchill de 'El instante más oscuro' tan solo un día después de que fuera nombrado Caballero del Imperio Británico.

Esta quinta temporada de 'Slow horses' arranca con un acto de violencia política que parece extraído de los titulares de nuestro tiempo. En contraste con el escapismo de otras temporadas, en esta ocasión lo que hay en juego parece importante y real.  

Desde luego, no se puede negar que lo que vemos recuerda a cosas que pasan ahora. Pero debemos recordar que el libro en que se basa ['Las reglas de Londres'] se publicó hace siete años. No sé explicarlo demasiado bien. ¿Quizá Mick Herron tiene una bola de cristal? ¿O sabe ver el futuro? 

Y a pesar de esa oscuridad tan reconocible, del duelo y de la paranoia, seguimos sonriendo mientras seguimos a estos personajes. 

En esta temporada en concreto, el personaje central es [el hacker] Roddy Ho [Christopher Chung], y hablamos de un personaje, digamos, excéntrico. Con alguien como él es normal que la serie se deslice hacia la comedia, e incluso diría que más que en otras temporadas. Pero equilibramos lo humorístico con lo dramático. Esa ha sido nuestra fórmula desde el principio: buscar un equilibrio eléctrico entre ambas cosas, buscar la comedia y el drama sin pasarnos en una cosa ni en otra. Es toda una alquimia con la que hemos venido jugando desde los primeros capítulos. Y en mi opinión, los resultados han sido bastante, bastante, bastante buenos.

Siempre me ha conmovido la falsedad del personaje de Lamb: quiere hacer creer que no le importan la suerte ni las ideas del equipo de la Casa de la Ciénaga, pero cierto brillo en su mirada suele indicar lo contrario. ¿Es complicado encarnar esa duplicidad? 

Cuando pensamos en Lamb, lo imaginamos apoltronado en la oficina, con los pies sobre el escritorio y los ojos cerrados. En esos momentos, sus agentes suelen pensar que está totalmente ido y, bueno, durmiendo la mona. Pero creo que es precisamente en esos momentos cuando Lamb más hace trabajar su mente. La maquinaria de su cabeza está girando y su mejor trabajo como espía está cogiendo forma. Hay algo muy interno en su manera de proceder. Es un poco lo que hacía George Smiley [el espía más famoso de la obra de John le Carré, al que Oldman encarnó en la película de 2011 'El topo']. 

A la vez, Lamb es un personaje mucho más bombástico. Y podríamos decir que en el extremo opuesto en el espectro de la elegancia… 

Tiene ese lado de cascarrabias, de tipo ingenioso ácido, de puro sarcasmo. Desde luego, Smiley no tenía nada de eso. Pero se parecen también en que ambos fueron grandes espías en un momento de sus vidas y ahora están un poco al margen. Cuando nos encontramos con Smiley, el personaje está en mitad de una jubilación forzosa y es enviado de vuelta a la acción. Lamb trabaja ahora mismo en la periferia, alejado de [las oficinas centrales del MI5 en] Regent's Park. Es algo que tienen en común. Ambos tuvieron tiempos mucho mejores.

Le Carré es, además, una gran y evidente influencia para el autor de los libros originales. 

Mick es un fan enorme de le Carré. Siempre habla abiertamente de ello. Creo que ha hecho algo maravilloso: coger el mundo de los espías y los superespías, los James Bond y los Jason Bourne, y darle la vuelta por completo a través del humor. Aquí los espías son gente que nos resulta reconocible y con la que nos podemos identificar. No están en el típico universo de casinos y esmoquines. 

¿Le ha sorprendido convertirse en estrella de una serie de 'streaming'? 

Hacer una serie era algo que venía buscando desde hace tiempo. Solo estaba esperando a encontrar algo emocionante. Desde hace años había observado con admiración esta época dorada de la televisión. Me encantaban las historias, me encantaban los guiones. Pero no solo eso: la dirección, las interpretaciones o la fotografía eran a menudo mejores que las que podías ver en el cine. Quería saltar de algún modo a ese mundo del 'streaming'. Sí que me ha sorprendido gratamente la respuesta de la crítica y el público. Esto podría haberse quedado en una temporada, pero ya vamos por la quinta. Nosotros sabíamos que aquí había algo que valía la pena y que merecía ser contado. 

[Mick Herron] ha hecho algo maravilloso: coger el mundo de los espías y los superespías, los James Bond y los Jason Bourne, y darle la vuelta por completo a través del humor

Tampoco es nuevo en la tele: ya en los 80 y 90 apareció en algunas series y protagonizó 'tv movies' de Mike Leigh ['Meantime'] y Alan Clarke ['The firm']. Su primera nominación al Emmy fue como actor invitado de 'Friends'. 

No, no es mi primera vez haciendo tele. Pero esta vez lo divertido ha sido poder ir regresando una y otra vez y abordar al mismo personaje en mundos diferentes, tramas diferentes. O mejor dicho, a los mismos personajes, porque tampoco es que toques en solitario. Estás familiarizado tanto con esas creaciones como con la gente que las interpreta, un grupo de actores simplemente fenomenal. Y el equipo técnico también vuelve cada temporada: los mismos sonidistas, los mismos operadores de cámara, los mismos atrecistas… Trabajamos juntos como una única máquina. 

En el cine es más difícil desarrollar esa relación a largo plazo con un equipo técnico y artístico. 

Cuando haces una película, puedes conocer a alguien y tener buena relación, pero el tiempo de trabajo es más corto. Te gustaría volver a trabajar con cierta gente. Te lo propones firmemente. Pero después pueden pasar cuarenta años hasta que volvéis a compartir un proyecto. Es lo que pasa en muchas ocasiones. Por eso es tan agradable poder volver y hacer otra temporada de 'Slow horses' y trabajar con un grupo de gente que ya es como tu familia.

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