Dice Ortega que la palabra es un sacramento de difícil administración. Y es cierto, pues ha tenido hábiles administradores, pero también ineptos y torpes. Se lanza al aire y no se sabe, a veces, dónde caerá. Es "dardo" que puede halagar los sentidos o herir como espada, pues la palabra está hecha de talento, de bondad o perversión. Por eso, en el pasado, era exaltado el orador que encandilaba las muchedumbres con su carisma seductor o con el estilete de su verbo, en tanto que puede ser miel o aguijón.

Hoy la palabra tiene un serio competidor en la imagen televisiva, mas no por eso pierde su capacidad de expresar plurales sentimientos, frases hermosas o expresiones falaces. De ellas, pues, somos esclavos, o señores, si guardamos silencio en ciertas ocasiones. Viene este exordio a cuento ante la presente campaña electoral, considerando su torrencial uso en foros y tertulias, donde se dicen cosas que, en la tensión del momento son asumibles, mas nos causan perplejidad y asombro, pasado el fragor dialéctico. Si al final de las elecciones, se hiciera un listado de las perlas lanzadas entre los oponentes, quedaríamos sorprendidos, pues es exhaustiva su orfebrería verbal, donde no está ausente el lema elegido, el agrio dicterio y el postureo narcisista, cuando no arrogante.

Pero los líderes se cuidan mucho de quedar bien ante el auditorio, al tiempo que le sorprenden con ocurrentes improvisaciones, o, simulando actitudes educadas, ocultan las costuras de lo que venden, sin que se adivine la mercancía averiada. Por eso administran bien las palabras, o se callan a tiempo, recordando el proverbio alemán: "El habla es plata y el silencio es oro". No obstante, tratarán de no enturbiar su dialéctica con errores, de huir de demagogias y de agravios que zahieran al adversario, que no enemigo, y de refutar las tesis contrarias en réplica moderada, sin malas artes ni golpes bajos, sino con argumentos ajustados a un debate civilizado. Y es que las palabras se bastan, desnudas y auténticas, y no en "actitud ferial", pues, si se usan bien, actúan, según Aldous Huxley , como rayos X, al atravesarlo todo. Aunque siempre están en peligro de caer en fallos y patinazos que empañan todo esto.

El debate, a cuatro, del lunes, fue el paradigma de cuanto hemos dicho, donde todo el país estuvo en vilo visualizando a cuatro líderes políticos pugnando por convertirse en el futuro presidente del gobierno.