Opinión | Café filosófico
Flamenco de cercanías
¿Por qué el flamenco proporciona mayor gozo estético cuando se le escucha ‘en vivo’?
Nunca he entendido mucho la presunta necesidad de escuchar música ‘en vivo’. Desde que la tecnología ha puesto a nuestro alcance, a un coste irrisorio, las mejores versiones de casi cualquier obra musical, con una calidad de sonido óptima, y a disfrutar cómodamente en casa sin molestias de ningún tipo, ir a escuchar música a una sala de conciertos atestada de gente me parece algo incomprensible, una suerte de automatismo social, puro fetichismo, o no me explico qué...
Tal vez se podría hacer una excepción con los conciertos de rock o pop, pero por la simple razón de que allí no se va única ni fundamentalmente a escuchar música, sino a participar de algo que está entre la macro fiesta y el evento mediático, y en lo que -como en los platós de TV- se aplaude, baila o corean los ‘éxitos’ del ídolo o artista a tenor de la mecánica propia del espectáculo.
Cabe, sin embargo, otra salvedad, y esta vez referida directamente a la música -y no solo a la dimensión mediática o festiva de su exhibición-: la de los recitales que podríamos llamar ‘populares’. Por ejemplo, ciertas veladas de flamenco. Y lo digo pensando en la que el próximo viernes celebraremos en Llerena -el VII Concurso de Cante Flamenco ‘A la sombra del mudéjar’- y a la que, como es tradicional en esta sección, les invito gustosamente a todos.
¿Por qué el flamenco -entre otros tipos de música popular- adquiere más valor cultural y proporciona mayor gozo estético cuando se le escucha ‘en vivo’? Para responder a esta pregunta tendríamos que saber primero qué es eso de lo ‘popular’ en el arte, una noción sobre la que existen innumerables opiniones.
Aún a riesgo de simplificar, diríamos que el arte popular se diferencia del arte culto o de élites -el del concierto de música ‘clásica’, por ejemplo- en cuanto a su contenido (presuntamente más complejo en este que en aquel), y que se diferencia del arte de masas -el del concierto de rock, por ejemplo- en cuanto a su forma o medio (más vinculado a mediaciones -técnicas, comunicativas, mercantiles...- este y más inmediato y espontáneo aquel).
Gracias a su ‘simpleza’ e inmediatez, la música popular puede desarrollar una serie de características propias -que solo se despliegan y aprecian con plenitud en la música en vivo-. La imprevisión e improvisación, por ejemplo, con que cada artista flamenco elige y desarrolla su ‘repertorio’ en función del contexto, la interacción con el público, su estado de ánimo, etc., exige una base musical simple (pero infinitamente compleja en cuanto a sus variantes y posibilidades de expresión particular) y una cierta inmediatez con aquellos con los que se comunica.
Contaba el filósofo Walter Benjamin como, antes de la llegada de la técnica y la cultura de masas, la obra de arte poseía una especie de ‘aura’ o ‘presencia irreproducible’ -para la mayoría lejana e imposible de gozar- con la que se distinguía del resto de las cosas. Nos atreveríamos a decir que también el flamenco -cuando es fenómeno popular- tiene un aura, pero un aura que, más que la expresión irrepetible de una ‘lejanía’ -que dice Benjamin-, se relaciona con una particular ‘cercanía. ‘Cercanía’ que no es la de la experiencia estética privada o la identidad de clase propia al arte de élites -sino la de la creación común y anónima, ajena a todo sentido de propiedad- ni tampoco la del consumo gregario de la cultura de masas -sino la de la comunión activa, consciente, espontánea, por la que un grupo cercano de personas hacen de su propio espacio y tiempo algo extraordinario y fértil-.
Por ello el flamenco -cuando no es exhibición patrimonial o mera mercancía mediática- ocurre mejor en lo vivo de la reunión, la peña, la plazuela, lejos de ese trampantojo del poder que es el gran escenario, y cerca de un público que participa -jalea, bate palmas, cuando no se lanza al centro de la fiesta, o sus cercanías- en la creación colectiva. En ese momento y esa comunidad irrepetible consiste el arte popular, una rara avis de cuyo vuelo pueden participar el próximo viernes -visitando, de paso, uno de los pueblos más hermosos de Extremadura-. Les esperamos haciendo compás.
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