Si no cae la cuarta ola va a ser porque el covid anda a otras cosas o porque de pronto el ritmo de vacunación va a adquirir un ritmo espectacular, porque visto lo visto estos días no veo yo ánimos restrictivos ni grado de concienciación ciudadana. Somos españoles y eso parece resultar un salvoconducto para hacer lo que nos dé la gana. De lo contrario, no entiendo a la gente masivamente en las terrazas, ni los abrazos efusivos como si hiciera mil años que no nos vemos, ni tampoco ciertos comportamientos irresponsables que poco tienen que ver con la prevención de un virus que ha matado ya a miles de personas.

Día a día se publican los datos de contagiados y pareciera que hablaran de otro planeta o de un país caribeño alejado a miles de kilómetros de nosotros. En la última jornada 102 positivos y 67 hospitalizados en Extremadura, en la anterior 139 positivos, 63 hospitalizados y 1 muerto. Tenemos una incidencia acumulada a 14 días de 112 casos y a 7 días de 64 casos. Y nosotros tan panchos, como si estuviéramos en los últimos coletazos de una pandemia cuando en otros lugares no demasiado lejanos como Francia acaban de decretar un confinamiento total, con cierre de colegios incluido, de tres semanas.

No hay solución. Me pongo en el pellejo de las autoridades sanitarias y no sé cómo pueden manejar una situación así, siendo conscientes de que apelar a la responsabilidad ciudadana no sirve de nada y que en cuanto abren la puerta un poco salimos en bandada porque, aparte de nuestra idiosincrasia, la fatiga pandémica está pudiendo con todo, hasta con el miedo a la muerte. Hemos hasta interiorizado el parte de bajas diario, lo hemos incorporado a nuestra agenda como si fuera lo normal, como si los números no llevaran implícito nombres y apellidos y vidas tan plenas como la nuestra hasta hace tres días.

La vacunación ha generado una falsa seguridad en algunas personas. Consideran que si hay armas con que combatir al virus es cuestión de tiempo acabar con él y que, mientras tanto, vamos saliendo de casa, bajándonos la mascarilla, relajándonos un poco, que llevamos todo un año con la pata quebrada y sin poder vivir. No son conscientes de que, como he dicho antes, una cuarta ola está al caer y podrá ser menos virulenta, menos dramática en cuanto a número de muertos, pero sembrará dolor y desgracia como las anteriores. El personal sanitario lo sabe, hemos publicado en el Periódico cómo se han repartido los descansos en los hospitales para estar operativos tras la Semana Santa el máximo número de facultativos. ¿Qué pasa, nadie es consciente de que esta bola de nieve ha empezado a resbalar montaña abajo?

La única solución factible es la vacunación masiva. Dejarlo al arbitrio de la gente es una temeridad. Porque yo no digo que haya personas responsables que lleven a rajatabla las recomendaciones sanitarias, pero no es lo habitual. Dense una vuelta por las terrazas de Cáceres, de Plasencia, de Mérida, de Badajoz y ya verán. Qué más da el toque de queda si está toda la tarde por delante. Qué importa que cierren la comunidad con todo lo grande que es esta región. Así pues, hay que acelerar este proceso, aplicar un criterio de rapidez, de forma que masivamente todos pasemos por el doble pinchazo o el pinchazo simple según qué laboratorio y adquiramos la susodicha inmunidad de rebaño. Depende de muchos factores, principalmente del suministro de virales, pero está claro: o nos vacunamos o no salimos de esta en la vida porque combatir un virus que se transmite gracias al contacto de las personas es imposible en una sociedad que busca relacionarse aunque en ello le vaya la vida. Así de claro.