El covid nos ha pasado factura en muchos aspectos y ámbitos de la vida, pero si en alguno ha tenido especial relevancia ha sido en el empleo, tanto en el sector privado como en el público, pero no de la misma manera. Se calcula que en España se han destruido 360.105 empleos en 2020, un drama sin precedentes desde 2012, cuando se destruyeron 787.000 puestos de trabajo. En el sector público, contrariamente se registraron más de 166.000 altas a la seguridad social, de los cuales 73.000 fueron sanitarios y cerca de 63.000 en el sector de la Educación

En Educación, las medidas de distanciamiento o de mantener los famosos grupos burbujas, habrán influido, no digo que no, pero echando un ojo a muchas de nuestras aulas, no justifican por sí solo dicho aumento, hay más motivos, y esos motivos que hoy dan trabajo pueden ser una pesada losa mañana, y no sólo para el empleo docente, también para el sistema educativo y nuestros alumnos.

Como decía, las plantillas no sólo se han visto reforzadas para garantizar los grupos burbujas, empecemos por las jubilaciones. Se calcula que las jubilaciones entre docentes han aumentado más de un 30% con respecto al año anterior. La pandemia, el miedo al contagio, la inseguridad por el mantenimiento del régimen de jubilación actual, que permite hacerlo a los 60 años de edad con 35 de servicio, y la entrada en vigor de una nueva ley educativa, han animado a nuestros más veteranos docentes, a abandonar las aulas antes de lo previsto. Esos huecos generados han propiciado muchas de las afiliaciones a la seguridad social, y todos en puesto de interinidad.

Y hablando de interinidad, ahora tenemos el siguiente motivo, las oposiciones, o mejor dicho, la ausencia de las mismas. La ausencia de oposiciones pasadas han aumentado exponencialmente los puestos a cubrir por funcionarios interinos, especialmente en concretas especialidades donde se han buscado profesionales hasta debajo de las piedras, incluso el Gobierno fue laxo, y permitió, a criterio de las comunidades incorporarse sin el consabido máster habilitante para la docencia.

Por último, y lo más lamentable, las defunciones, que también las ha habido.

En definitiva, nuestro sistema educativo vive actualmente en un espejismo creado por la situación pandémica que remitirá paralelamente a la misma y que nos dejará sin esos empleos de más generados, con menos plantillas porque ya se han ajustado sin contar esa sobredotación extra y con una tasa de interinidad que podría alcanzar el 40 o el 45%.

Estamos en los albores de una nueva Ley Educativa y ser previsor puede calmar tiempos revueltos. H