Las elecciones de Madrid van a marcar un antes y un después. Montadas como un plebiscito nacional, las cuentas le salen bien al PP, lo que puede provocar un revolcón para Sánchez y un cierto alivio popular en el resto de territorios. Si el 31 de diciembre los ojos de toda España están puestos en la Puerta del Sol para la llegada de un nuevo año, este 4 de mayo va a ser igual aunque no por las campanadas del insigne reloj instalado en el edificio de la Presidencia de la Comunidad, sino por el posible alzamiento de su moradora, una Isabel Díaz Ayuso convertida en reina de la villa y corte.

Las encuestas las carga el diablo, eso dicen al menos en todos los partidos, pero cuando todas cantan la misma melodía suelen acertar a falta de ajustes que puedan venir del resto de invitados a la mesa. Aquí se mide si la estrategia de Ayuso de convocar elecciones para comerse a Ciudadanos ha sido un acierto (que parece que sí) o si por el contrario ha supuesto un fiasco movilizando más de la cuenta a la izquierda (que parece que no). Lo cierto es que su plan de utilizar a Madrid como campo de batalla nacional ha sido aceptado torpemente por el PSOE y ahora no hay manera de desbaratarlo para evidenciar que hablamos de unas simples elecciones autonómicas.

Si el PP gana las elecciones y gobierna (aunque sea dejándole Vox) habrá sido un éxito electoral y también personal de Ayuso pues no hay que olvidar el debate abierto sobre la gestión de la pandemia. Si ha habido una comunidad contestataria a las políticas del Gobierno no ha sido Andalucía ni Galicia ni Castilla y León, feudos también del PP, sino solo Madrid. Y ahí la personalidad de Ayuso se ha hecho notar frente al intento de ridiculización del PSOE que, por otra parte, ha sido tan equivocado como el que se empleó en su día contra Esperanza Aguirre.

Es obvio que, frente a un Gobierno exigente con las medidas restrictivas, un papel más laxo lleva todas las de ganar, máxime cuando la fatiga pandémica alcanza su máximo exponente y las empresas desfallecen hasta el cierre. Pero el PSOE madrileño no ha hecho bien su trabajo para contrarrestarla y Sánchez implicándose lo ha diluido todavía más. Ya es sabido que al candidato socialista se le cogió a lazo cuando se ya iba para ser defensor del pueblo. Nadie esperaba una convocatoria electoral tan sorpresiva. También que la izquierda podemista anda dividida por la lucha personal entre Iglesias y Errejón. Pero es que el aterrizaje del presidente del Gobierno en la campaña madrileña los ha hecho descender de escalafón a todos, y de eso sólo hay una clara beneficiaria que es Ayuso.

¿Y a Extremadura esto le afecta? Los populares extremeños andan revueltos. No ya por la inminente convocatoria de sus congresos provinciales en junio, donde empiezan a florecer candidatos oficiales y oficiosos, sino por la oportunidad que pudiera abrirse el día siguiente de los comicios de Madrid. No es que Pablo Casado haya tenido un papel predominante ni que el éxito de Ayuso pueda atribuírsele a él de alguna manera, pero pasar de un PP de capa caída y apoyado en las muletas de Ciudadanos y Vox a ser un PP protagonista supone un balón de oxígeno de primer nivel.    

José Antonio Monago ha mandado esta semana una carta a todos los presidentes locales y comarcales del PP de Extremadura para animarles a pedir el voto para Ayuso a cuantos extremeños conozcan en Madrid. Dice en su misiva que con ello «se ayuda también a Extremadura». Quiere como otros tantos políticos en la oposición que se remueva la baraja y se den nuevas cartas. No es que con ello vaya a ponerse de cara una campaña en Extremadura para la que aún faltan 2 años, pero, oye, aire nuevo de Madrid siempre viene bien aunque no se sepan ni los candidatos.

Lo cierto, y vuelvo al principio, es que el 4 de mayo no es una convocatoria autonómica cualquiera y de su resultado dependerá todo lo demás. Si me apuran hasta un adelanto electoral en las generales si al inquilino de la Moncloa le cuadran los números sin Podemos. Todo sea que al final las encuestas se equivoquen y este castillo de naipes montado sobre el aire se caiga encima de alguno. Cosas peores se han visto.