Cuando la vacunación ha comenzado a coger ritmo, más aún en Extremadura, con porcentajes más altos que en el resto de comunidades, llega una nueva sombra y de nuevo desde la zona oriental. Esta vez no es China, es la India.

Es inevitable pensar si la historia se va a repetir y lo que en un momento vimos como algo lejano que seguramente no llegaría a afectarnos se presentará de nuevo ante la puerta de casa. Ya hay casos en Francia, ojo.

De momento, es una buena noticia que España haya prorrogado hasta el 31 de mayo la restricción temporal de viajes no imprescindibles desde terceros países, entre ellos, India. Pero no tenerlos en nuestro país no significa que no debamos fijarnos en lo ocurrido allí.

Independientemente de su nivel económico, sanitario, su densidad de población y las condiciones de vida de la mayoría de esta, uno de los motivos que apuntan al aumento masivo de los contagios es la relajación de las medidas de protección frente al virus y pienso en qué pasará tras el 9 de mayo.

Me preocupa que pensemos que todo ha terminado, que queramos volver a la normalidad de antes sin encomendarnos a nadie y que lo mucho conseguido se convierta en pasos atrás.

A partir del 9 de mayo, se abrirá la puerta a la nueva responsabilidad, la de los responsables políticos, sí, pero más la de cada uno de nosotros a título particular. Sobre todo si llega la variante india y sus mutaciones. Porque volverá la incertidumbre sobre la capacidad de contagio, de letalidad y, sobre todo, sobre la efectividad de las vacunas que con tanta esperanza nos estamos poniendo.

Otra vuelta a empezar podría suponer un duro golpe, psicológicamente y desde ahí, a nivel sanitario y económico. Pero la buena noticia es que, como ha sucedido hasta ahora, la solución está en nuestras manos.

Salvo que ahora nos digan que las nuevas variantes y mutaciones son supervirus que recorren largas distancias, saltan por encima de cualquier desinfección y se ríen de las mascarillas, tenemos el poder de decidir si nos relajamos o mantenemos la cordura y seguimos conviviendo con las medidas, por mucho que cueste. Porque a todos nos gustaría lanzar las mascarillas al aire cual graduados con sus birretes. De momento, no es posible, pero otros países han abierto la puerta, hay esperanza.

*Periodista