La que fuera directora del centro sociosanitario de Plasencia y aún edil del PSOE en el ayuntamiento placentino, Soraya Cobos, ha pedido a la ciudadanía que sea más «cauta a la hora de juzgar de manera pública a la gente, con 140 caracteres podemos arruinarle la vida a una persona». Tiene razón.

Era una referencia a una red social, en la que según dijo han menoscabado su honor tras conocerse que se vacunó antes que el resto del personal del sociosanitario. Ahora, un fiscal ha dicho que no vulneró la legalidad porque le correspondía vacunarse por su cargo y se lo ofrecieron al sobrar una dosis. Ha pedido una rectificación a los políticos que la criticaron, pero no puede hacer lo mismo con los que se sumaron a título particular, porque la red es eso, como una tela de araña en la que no sabes quién te apoya o te crucifica, es el lugar feliz de los cobardes.

No voy a entrar en si hizo bien o no, en si actuó de forma moralmente correcta o debería haber cedido su dosis y haberse puesto la última de la fila en su centro como capitana del barco. Es lo que defiende el alcalde de Plasencia, que ya ha dicho que no va a pedirle perdón. 

La pregunta es si merecía o no la crítica feroz que recibió, el linchamiento y no solo en Plasencia o la región, donde todos los grupos políticos contrarios se subieron al carro, seguidos por sus militantes y fieles, el rebaño de seguidores que han decidido desterrar la individualidad para ser uno solo, sin pararse a pensar si el contrario tiene o no razón.

Porque también programas de televisión nacionales la ridiculizaron y no una sino cada vez que salía el tema de los políticos que se habían saltado la cola. En una tertulia, se sobreentiende que el tertuliano expresa su opinión, pero es peligroso que lo haga un programa que mezcla información con espectáculo. No defiendo su actitud, pero sí critico las formas de quienes la defenestraron. Dudo si eso va en el cargo. ¿Hasta qué punto un político debe ser un mártir? Es cierto que uno debe responder por sus errores, pero los políticos también son personas y tienen una familia detrás.

Así que quizás deberíamos todos hacer examen de conciencia y pensar bien los comentarios que escribimos en nuestras redes hacia otras personas. No menospreciemos el poder de las palabras. Si un tuit puede llevar a una persona al suicidio, tenemos un arma entre las manos que no deberíamos utilizar a la ligera.

*Periodista