Opinión | Con permiso de mi padre

Mi teclado ñoño

Alguna vez tendría que escribir un artículo contando lo afortunada que soy con mis amistades:

Hablando de las amigas del cole de monjas (que recuerdo con muchísimo cariño y que me dio la base para hacer una carrera sin demasiado esfuerzo) que han ido creciendo conmigo y que siguen siendo confidentes y momentos de risas aseguradas. Y de los muchos amigos del campamento que un franciscano loco se atrevió a montar en medio de la preciosa sierra de Gata, donde aprendí que los hombres y las mujeres pueden (también) tratarse con cariño y ser como hermanos.

Recordaría a los amigos de la carrera, más bien de la barra de los bares que rodeaban la facultad, con los que casi nunca coincido ideológicamente, pero eso no impide que nos guste juntarnos en cuanto podemos, y tendría que contar que, cuando crees que tienes el cupo completo, las nuevas tecnologías te abren la puerta a otras vidas y te hacen descubrir a personas maravillosas que llegan a ser amigos incluso sin haber coincidido nunca físicamente.

Diría también que tengo cuñadas que son amigas y amigos que son cuñados, y que nunca podré valorar lo suficiente tener como mejores amigas justo a mis dos hermanas.

Y que otras amistades llegaron por casualidad, como de rebote, y se han hecho fuertes agarradas a la misma intensidad compartida por vivirlo todo, y que cada uno somos distintos y a veces las relaciones se mantienen a base de tirar del carro más que la otra parte, pero a sabiendas de que el esfuerzo merece la pena.

Así que quizás un día, cuando no tenga el teclado tan ñoño, les cuente que lo importante es rodearse de personas con las que ser, más que con las que estar; que la vida es un camino en el que es mejor ir bien acompañados, aunque haya quien sólo recorra contigo una parte de la ruta. Y todo esto lo contaré otro lunes con el regusto de un fin de semana de risas, de descubrir a personas, de agradecer la vida y de ir volviendo a la vieja y maravillosa normalidad.

Porque si lo piensan bien, al final a lo que aspiramos todos es a querer, a que nos quieran, y a que nos dejen ser como somos, sin tocarnos mucho las narices.

Disfruten del lunes, que también tiene cosas buenas.

*Periodista