Hay reputados profesionales de la salud y numerosos estudios académicos que reconocen el carácter terapéutico de la música. Mas no toda la producción musical que llega al mercado alimenta el alma. Tampoco todos los artistas y estilos musicales persiguen el objetivo de elevar el ánimo. Sin embargo, hay que reconocer que hay grupos, como Acetre, que lo consiguen en cada ocasión en que publican un álbum o interpretan sus temas en directo. Y eso, en estos tiempos en que la superficialidad y la trivialidad lo impregnan todo, es muy de agradecer. Porque la música puede ser mero entretenimiento, diversión, guasa e incitación al baile. Y no está mal que así sea. Pero también puede rebasar todo eso y procurar el deleite de los sentidos, la caricia espiritual, el arrullo que conforta el ánima o el hermoseamiento de pasajes de una memoria amenazada por el abandono, la desidia o la amnesia.

Cualquiera que se acerque al nuevo álbum de Acetre encontrará buena parte de esos rasgos virtuosos que, a veces, se echan en falta en las listas de últimos éxitos que programan la mayoría de radio-fórmulas. Eso sí, que nadie piense en el nuevo disco de Acetre como un producto elitista o excluyente, configurado para agradar únicamente a entendidos y folcloristas. Porque no tiene nada que ver con eso. Es un álbum refinado, compuesto e interpretado con talento y muy buen gusto. Pero, al mismo tiempo, es una obra popular, tan cercana, cálida y emocionante como las coplas que canturreaban nuestros antepasados.

Hay que tener claro, por tanto, que nos encontramos ante un producto musical que bebe en la tradición y, partiendo de su sustancia, construye algo nuevo, respetuoso con aquello en lo que se basa, pero lo suficientemente ambicioso, creativo y sofisticado para lograr trascender su origen y asentarse en la memoria sonora del público.

A nadie le es ajeno que la actividad artística ha sufrido el envite despiadado de la pandemia. Por ello, uno agradece la oportunidad de poder encontrar músicos y cantantes capaces de reunir el ánimo, la inspiración y las fuerzas necesarias para cocinar delicias musicales como las que Acetre nos ofrece en A la casa de las locas, que es el título bajo el que el grupo oliventino ha recogido 13 bellos relatos musicales que nos transportan al epicentro de fiestas, celebraciones y leyendas radicadas en Ahigal, Feria, Olivenza, Guijo de Galisteo, Ceclavín, Aceuchal, Madrigal de la Vera, Cedillo, Torrejoncillo o el Alentejo.

Con melodías y cánticos tan primorosos resulta inevitable imaginarse recorriendo esos hermosos rincones de Extremadura y Portugal. Acetre nos ha regalado una banda sonora perfecta para tan anhelado viaje. Y es imposible hacer otra cosa que no sea disfrutarla.