He sido profesor de la Escuela Politécnica de Cáceres durante 25 años y me avergüenzo de haber aprobado y por tanto de haber colaborado en la consecución del título del técnico que ha proyectado la entrada del aparcamiento del Obispo Galarza. ¿Desde cuando los técnicos hemos antepuesto el diseño estético por delante de la Seguridad Vial?.

Hace unos días, circulando en moto detrás de otro vehículo, al llegar a este punto, observo que el coche que me precede comienza a apartarse a la derecha (supuse que para hacer una detención momentánea para dejar algún pasajero), y me dispongo a sobrepasar a dicho vehículo por la izquierda como mandan los cánones. Pero resulta que el coche que me precede solamente trataba de abrirse un poco en su trayectoria para encauzar su entrada, que está en contra curva, al aparcamiento. Mal diseñada está una curva en la que el conductor, para poder tomarla, tiene que abrirse hacia el lado contrario.

Gracias a la poca velocidad de ambos vehículos, conseguimos evitar la colisión. No obstante, posiblemente debido a la tensión del momento, provocó la discusión airada de ambos conductores, cuando realmente el único culpable era el técnico que había proyectado una entrada que, no solo no ha evitado el cruce de los vehículos que salen y entran del aparcamiento, sino que además dificulta, con la contra curva proyectada, el acceso a dicho aparcamiento.

Se podría haber proyectado un acceso en “V”, que evitara el cruce de los vehículos y además proyectar curvas favorables para la entrada y salida de vehículos. Hubiera bastado con cambiar la entrada y salida del aparcamiento, canalizando su circulación interior (para eso sí estamos los técnicos). Y si no se sabe o no se puede, basta dejar la glorieta de acceso que existía anteriormente y que por supuesto funcionaba mucho mejor de lo que hay ahora. Recuperemos la premisa que dice que aquello que funciona mejor no tocarlo porque, entre otras cosas, es más barato.

Juan José Mena

Cáceres