Esta semana se ha celebrado la convocatoria ordinaria de la EBAU en la que 5600 estudiantes estaban convocados. Desde aquíme gustaría desearles mucho éxito a todas y todos: sois un orgullo, nuestro talento.

Muchas gracias a todas y todos los docentes que dan tanto para que esto sea posible, por poner su esfuerzo y esperanza en cada uno de sus alumnos.

Y, por supuesto, a la Universidad de Extremadura la labor titánica a lo largo de este último año, con la dureza de la pandemia, ha sido encomiable, ejemplar. 

No puedo ocultar mi alegría al conocer que en una de las pruebas de la EBAU ha sido seleccionado un fragmento de El infinito en un junco de Irene Vallejo. Desde aquí, también, invito a su lectura, y de su autora me permito recordar sus palabras en el día de San Jorge: «Y para cuidarnos, unas a otros, protejamos la conversación común y el lenguaje, esta fabulosa herramienta con que edificamos hallazgos tan felices como los derechos, la justicia y la democracia, que son palabras mayores. Durante la terrible peste de Atenas, Pericles edificó sus mejores discursos ensalzando la ayuda mutua. No es extraño que de la palabra lector derive el término elector: nuestras decisiones se sostienen en las letras, los discursos, el diálogo compartido».

Ahora donde nuestra mirada y trabajo permanece ante los fondos extraordinarios europeos nos ofrecen una Extremadura más cohesionada, más digitalizada, más verde, más igualitaria y estar preparado para ello significa que nuestro pensamiento y nuestra primera preocupación esté en la educación, y si hay un contexto que solo puede beneficiarla es el consenso, un consenso ofrecido por el Presidente de la Junta de Extremadura y que muestra el interés general por lo más cuidado.

Junco proviene del latín y según San Isidoro de Sevilla podría tener su origen en iunctus (junto, unido, enlazado), lo que está vinculado a la resistencia del mismo. Me gusta mucho la idea de poder establecer esa conexión de estos dos conceptos unión y fortaleza a la educación, aún más si mi mente evoca la planta en la orilla, aún más, si pienso en el motivo del título del citado libro. Debemos ser conscientes del futuro al que nos enfrentamos y su formación.

Para el año 2030, más de la mitad de los puestos de trabajo actuales habrán sido automatizados o habrán quedado obsoletos, y tres cuartas partes de las 500 mayores empresas del mundo habrán desaparecido o habrán sido sustituidas por otras. Hoy nos encontramos ante una nueva revolución tecnológica y digital. Una nueva era que, impulsada por innovaciones como la inteligencia artificial o la robótica transformarán radicalmente el mundo tal y como lo conocemos. La propuesta para adaptarnos a este nuevo mundo es, precisamente, educar en la innovación y producir innovación. Sin olvidar que hay que avanzar hacia un modelo que combine la transmisión de conocimientos con el desarrollo de habilidades transversales como el pensamiento crítico, la comunicación oral y escrita, el método analítico, o el trabajo en equipo, competencias que no caduquen en una vida que ya será de continuo aprendizaje en una sociedad cambiante.

Y es que estamos acostumbrados a pensar en la innovación en clave de invento del siglo XIX: a la aparición de la bombilla o de la fotografía, sin pararnos a reflexionar en que su aparición provocó la evolución, se orientaron hacia la mejora del bienestar social con el alumbrado público o que gracias a la fotografía apareció el Cubismo.

*Filóloga y diputada del PSOE