En la historia reciente del ayuntamiento hubo un acontecimiento que merecía pasar a cualquier enciclopedia del disparate, pero no en el apéndice, sino en los primeros capítulos y con letras mayúsculas. Visto con la distancia que da el tiempo sería hasta gracioso recordar lo que ocurrió hace una década, sino fuera porque las decisiones que se tomaron acabaron repercutiendo en el servicio que se presta al ciudadano, incluso acuerdos y cálculos de entonces pueden tener hasta incidencia en futuras revisiones del precio de la tarifa que paga el usuario y, lo que es peor, todavía hay actuaciones de toda aquella rocambolesca historia que siguen estando muy poco claras.

Me estoy refiriendo al concurso para la concesión de la gestión del abastecimiento y la depuración del agua, con un coste superior a los diez millones de euros anuales (con las amortizaciones de obras y del canon que adelantó la empresa incluidas). Se empezó en el verano de 2010 y en la primavera de 2011 se produjo una propuesta de adjudicación por el pleno. Por medio hubo innumerables recursos especiales en materia de contratación, expulsión de empresas que luego fueron readmitidas y hasta un edil de la oposición que votó con el gobierno para facilitar la primera adjudicación del concurso y que lo hizo a los pocos días de las elecciones. Y esto solo fue en la primera parte de toda esta historia. Luego hubo recursos ante los órganos judiciales, la suspensión de la primera adjudicación y volver a valorar todas las propuestas que se habían presentado años antes, para que finalmente la concesión fuese en 2015 para otra de las empresas que se presentaron en 2010. Se puede decir que se tardó cinco años en resolverlo, un récord.

Pues bien, ahora toca decidir sobre el concurso de la concesión de la gestión de la limpieza viaria y la recogida de los residuos urbanos, que en los últimos años ha tenido un coste superior a los ocho millones de euros anuales. Más que tocar lo correcto sería utilizar el pasado porque este concurso ya tenía que estar adjudicado, el 1 de julio debía empezar a trabajar la ganadora de la nueva concesión, pero es que a fecha de hoy aún no se ha convocado y todavía se tardará semanas.

El concurso no empieza bien. Se repite lo ocurrido hace 16 años. Pasa lo mismo, termina el periodo de concesión y no se ha resuelto un nuevo contrato. Hace 16 años fue la secretaría general del ayuntamiento la que informó que no era posible la prórroga del contrato que entonces, al igual que ahora, se tenía con Conyser. Ahora es la Intervención del ayuntamiento la que emite un informe desfavorable a dar continuidad al contrato con Conyser. Pero ni ahora ni hace tres lustros se acataron por la corporación local estas decisiones que hubiesen supuesto dejar a la ciudad sin la recogida de basura y sin limpieza viaria. La Intervención, en 2005, y la secretaría general, en 2021, dan una solución a los políticos para que el contrato se prorrogue hasta que haya una nueva adjudicación porque son servicios esenciales que no se pueden dejar de prestar.

Esperemos que no se repita lo ocurrido con el concurso del agua, que no haya más disparates, y que no se produzcan nuevos retraso porque no es un contrato cualquiera, solo en diez años puede mover más de 80 millones.