Nada más asestarle, junto a los otros asesinos, la última puñalada que llevó a la muerte al emperador romano Julio César, la mirada de Bruto se cruzó con la suya, y el emperador le dirigió unas palabras que dejaron una herida aún más profunda en la historia que la propia que Bruto infirió en el cuerpo del César. «Tu quoque, Brute, filimi?», le dijo, herido de muerte porque le parecía tan increíble que Bruto se hubiera conchabado con el resto de los soldados romanos que prepararon su asesinato que, antes de caer, mientras hundía su daga en su cuerpo, él le espetó aquellas palabras tan terribles que, todos los que estudiábamos Latín, nos aprendimos en el instituto: «¿Tú también, Bruto, hijo mío?». César no podía creerlo y, a pesar de todo, en su incredulidad, y antes de morir, le trata y se refiere a Bruto como a su hijo.

Y esa misma incredulidad les ha ocurrido a muchos asiduos telespectadores, entregados en cuerpo y alma a la famosa serie de televisión ‘Cuéntame’, por un posible o supuesto fraude a Hacienda de sus protagonistas. Hace ya muchos años que el pequeño Carlos lleva, desde el seno de una familia española tradicional, contándonos cómo pasaron y pasaban las cosas hace ya unos pocos de años. «Antonio Alcántara», Imanol Arias, un hombre español, con ideas de Centro, casado con «Maite», Ana Duato, una mujer, ama de casa tradicional, pero con grandes inquietudes, que está dispuesta a dejar volar su alma emprendedora para abrir negocios que le reporten ingresos para, junto a su marido, sacar a sus tres hijos adelante. Y no faltaba en esta familia típica española la figura de «Herminia», María Galiana, la adorable y sensata abuela, que transmitía buenos consejos y una ternura increíble desde la ya no tan pequeña pantalla.

"Esa misma incredulidad les ha ocurrido a muchos telespectadores, entregados en cuerpo y alma a la famosa serie de televisión ‘Cuéntame’"

Hemos ido viendo crecer a los hijos de esta adorable familia y hemos sido, a través de ellos, testigos de la historia de nuestro país, nuestra propia historia. Era una familia más, que considerábamos muy cercana a todos nosotros porque los riquísimos y profundos archivos de televisión española nos traían cerca nuestro pasado. Ellos, la magia de la televisión y, por supuesto, la mano diestra de guionistas y director hacían posible, ante los ojos de los televidentes, que el propio Adolfo Suárez se presentara en el humilde piso de los Alcántara y hablara con Herminia, la abuela de la familia, con absoluta normalidad y naturalidad. O al hijo mayor, Toni, intrépido reportero, que se mezclaba entre los asistentes a las primeras manifestaciones que empezaron a permitirse en una España que, cada día, se imaginaba más libre.

Hemos sido testigos, a través de los miembros de ésta, casi nuestra familia, de los coletazos de injusticia que los vencedores de una guerra infligían a los perdedores, cuando ya la guerra había acabado. Y hemos recordado la lucha por conseguir que, derechos para la sociedad moderna que parecían inalcanzables, se hayan ido consiguiendo y estableciéndose y estabilizándose como absolutamente normales. 

Por eso nos duele más, si cabe, que una pareja tan querida y tan familiar para todos haya sido requerida a juicio por presunto fraude a Hacienda. Conocemos muy bien a Antonio y a Maite desde hace más de veinte años. Sabemos de los buenos consejos y ejemplares enseñanzas que siempre han dado a sus hijos. Y somos capaces de poner la mano en el fuego porque, conociéndolos como los conocemos y sabiendo de su limpia trayectoria, no tenemos ninguna duda de que ellos no se atreverían a involucrarse en asuntos sucios, como sí solía hacer, sin embargo, el amigo de Antonio, D. Pablo, un personaje sin escrúpulos que sólo buscaba su propio interés para enriquecerse a costa de quien fuera.

Ahora sólo nos hace falta saber que Ana haya actuado como todos esperábamos de Maite, e Imanol como no tenemos ninguna duda que hubiera hecho Antonio.

*Ex director del IES Ágora de Cáceres