Extremadura es una isla en medio de territorios que, de manera aplicada, establecen alianzas entre ellos o ponen las medidas adecuadas para captar inversiones, empresas y generar empleo. Los gobernantes de estas tierras pugnan por atraer riqueza, mientras que la Junta de Extremadura va en sentido contrario.

Esas regiones, limítrofes por el norte y el este con la nuestra, aliadas en ese gran objetivo de luchar contra la despoblación sin que haya importado el signo político, han conseguido que Bruselas les autorice la bajada del 20% de los costes laborales para empresas que se implanten en Soria y en Cuenca. Pero además, Castilla La Mancha ha anunciado que creará «pueblos sin impuestos» y Castilla y León habla ya de una nueva fiscalidad rural.

Por el sur, Andalucía se ha encargado de hacer realidad una bajada de impuestos a empresas, autónomos y ciudadanos; y por el oeste, nuestro vecino Portugal ha elegido la reducción de los tributos como política para salir de la crisis. Si se dan cuenta, son gobiernos de uno y otro color, pero todos han elegido el mismo camino para reactivar sus economías. Mientras, Vara ha hecho de Extremadura una isla. Ni alianzas con otras regiones que tienen el mismo problema, ni bajada de impuestos. Un territorio aislado. Y no solo a causa de la falta de calidad de los transportes públicos si hablamos de comunicaciones, sino porque una empresa que busque sede elegiría a cualquiera de nuestros vecinos antes que nuestra tierra.

Esto podría solucionarse con la propuesta que ha hecho este jueves el PP en la Asamblea: un régimen fiscal especial para Extremadura. No es una idea descabellada, porque el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea lo permite si el nivel de vida es «anormalmente bajo» o existe una grave situación de desempleo. Ambas condiciones se dan, por demás, en nuestra región según la propia Comisión Europea; por lo tanto es posible conseguirlo.

Necesitamos un régimen fiscal específico para atraer empresas reales que generen empleo y aceleren nuestra economía. Y no me refiero al Elysium de turno, esos macro-proyectos que se anuncian una y otra vez, pero que nunca se hacen realidad. Fíjense si la propuesta es buena idea que hasta le gustó a Vara en 2015, que anunció que iba a pedirlo a Rajoy, pero en cuanto llegó Sánchez se le olvidó rápidamente la petición. ¡No vaya a molestar!

Por eso, el PSOE ha votado en contra de este régimen fiscal específico para nuestra región, porque no hay que distraer al líder, que anda ocupado con Cataluña, y porque Vara, antes fiel susanista, debe ahora poner sus barbas a remojar.

*Ingeniero Técnico Agrícola y diputada del PP.