En el proceso de fundición del acero se producen sustancias indeseables, residuos inservibles, que comprometen la calidad del producto final; esas peligrosas impurezas reciben el nombre de escoria. Los remaches del Titanit tenían un elevado porcentaje de escoria y esa fue una de las causas, entre otras muchas, del hundimiento del icónico trasatlántico. Los remaches saltaron con mucha facilidad en su choque con el iceberg. 

¿Por qué he empezado este artículo, que prometo será corto, hablando de la escoria que tenían los remaches que fijaban las placas de acero del Titanic? Para hacer una comparación con los grupos políticos, porque dentro de sus filas tienen también su porcentaje de escoria e, incluso, algunos partidos que proclaman una ideología franquista, xenófoba, misógina, homófoba y en contra de las libertades individuales, tienen tal porcentaje de escoria que, como el Titanic, terminarán naufragando. 

Hace unos meses, en la comunidad madrileña, se desarrolló una campaña electoral bronca (entre el 18 abril y el 2 de mayo de 2021) donde el insulto sustituyó al dialogo y a la defesa de los programas electorales de los candidatos. 

«Parásito», «rata», «traidor», «amargada»…, amén de las cartas recibidas, por varios candidatos, con amenazas de muerte y balas de cetme, para mayor crueldad, como metáfora aciaga de las tinieblas aquellas en las que el totalitarismo franquista hundió a España durante 40 años. Todo este disparate fue lo único que destacó en la campaña electoral; después, los ciudadanos madrileños dieron la absolución a la candidata que les ofreció libertad para poder beber una «relaxingbeer in Plaza Mayor».

"Si la indigesta campaña madrileña se convierte, como todo apunta, en el modelo a seguir, habremos fracasado"

Unos aludían a lo emocional: símbolos, banderas y tradiciones; otros, intentaban, sin éxito, transmitir y confrontar ideas, y todos, o casi, se abandonaron, por la imposibilidad del debate, a la impudicia del insulto. Que pesa más una arenga emocional que una exposición de ideas, es una realidad que en la comunidad madrileña se ha visibilizado con mucha fuerza, y que puede conllevar la consolidación de un tipo de política de baja estofa que ya venía, desde hace tiempo, asomando la patita.

Muchos ciudadanos, dejándose llevar por la irracionalidad y alentados por determinados medios de comunicación, inundaron las redes sociales de gruesos insultos al contrario, al adversario político, como hooligans que se agreden e, incluso se matan, en los aledaños de un estadio de fútbol donde sus equipos se preparan para jugar un partido.

Si la indigesta campaña electoral madrileña se convierte, como todo apunta, en el modelo a seguir para próximas campañas, habremos fracasado como sociedad, sin ningún atisbo de duda, salvo que nos revolvamos y digamos «¡basta ya!» y utilicemos el voto para coronar a quien propone y no quien impone el insulto como sustituto del diálogo.

Goya, en su pintura «Duelo a garrotazos», ya inmortalizó, a principios del siglo XIX, esa lucha fratricida, ese iletrado y bárbaro comportamiento de sustanciar las diferencias a través de la violencia. ¡Qué poco hemos cambiado! 

*Maestro