Opinión | La curiosa impertinente

Escalofríos

«Harta esa manía persecutoria de echar las culpas de las desgracias presentes al pasado cruel»

Nuestro rey ha asistido a la toma de posesión del nuevo presidente de Perú, un maestro ruralcomunista, que en campaña mantuvo un perfil moderado pero que ha empezado faltando a su promesa de moderación al nombrar a un primer ministro muy radical. Pese a la desconexión veraniega y lo lejos que está Perú, una ha visto al que llaman el profe con su gran sombrero blanco y ha leído su interpretación de la historia según la cual, como según la Leyenda Negra, según toda la propaganda protestante desde hace siglos de la que es buena muestra Daniel Defoe en su Robinson Crusoe y según las tan en boga corrientes iconoclastas y destructivas que pretenden arreglar o cambiar la historia cortando las cabezas de las estatuas de los personajes a quienes, con odio retrospectivo y rencor milenario les gustaría decapitar hoy, la culpa de todos los males del Perú, la tienen los españoles.

La historia es la historia pero ya harta esa manía persecutoria de echar las culpas de las desgracias presentes al pasado cruel que reduce la responsabilidad efectiva de quienes fracasan hoy y les permite sus desmanes, redimidos de su incompetencia por su calidad de víctimas perpetuas. Y harta más la prepotencia, machaconería, descaro, insolencia y horrorosa mala educación institucional de los dirigentes populistas, a quienes les parece el colmo de la valentía invitar a su casa a un dirigente de un país amigo como el Rey de España, para intentar humillarlo, si estuviera a su alcance,incluyendo en el escupitajo verbal a todos sus súbditos, como usted lector y como yo, pues, al fin y al cabo, el monarca acudió en representación de toda España.

A la ministra Díaz, dialogante, rubia estupenda, comunista y con dicción y ropa de pija, le ha emocionado Castillo. No debemos olvidar que es la misma que dijo hace poco que la misión del gobernante es redistribuir la renta. No mejorar la justicia y la educación ni acabar con la corrupción ni extender el bienestar, sino quitarles a unos para darles a otros. Es eso, ¿no? No me extraña su emoción. La entiendo muy bien y a la vez me da escalofríos.

* Profesora