El Horóscopo del Día se está quedando antiguo. Debería cambiarse por El Algoritmo de la Jornada. Resultaría más científico, más racional y más entretenido porque usted, antes de recibir la información, debería rellenar un cuestionario para que el algoritmo pudiera establecer el diagrama de flujos adecuados a su situación existencial. Esto no podría hacerse en un periódico de papel, claro, porque el papel no es interactivo, pero añadiría a los digitales un encanto más, de entre los que ya gozan.

-- ¿Me van a conceder por fin el préstamo hipotecario que he solicitado? -preguntaría usted al algoritmo.

-- Según -respondería el aludido-. ¿Es usted varón?

--Sí.

--Bien, ¿es usted blanco?

--Sí.

-- ¿Tiene trabajo estable y avalistas que respondieran por usted en caso de impago?

--También.

--Puede dar por seguro que le será concedido.

En cuatro o cinco preguntas y con un lenguaje claro, conciso, alejado de toda retórica, usted podrá dirigirse a la sucursal de la esquina con el bolígrafo en la mano para estampar su firma al pie del documento. El algoritmo ha procesado sus datos a una velocidad de vértigo, alcanzando una conclusión inequívoca. Igual de rápida habría sido la respuesta si usted hubiese sido mujer, negra y empleada de hogar. Al algoritmo no se le resiste nada. El horóscopo, en cambio, es el reino de la ambigüedad. Un horóscopo que sólo conociera de usted la fecha de nacimiento (y no conocen otra cosa) le habría dicho: «Se solucionará, para bien o para mal, un problema económico que le tiene preocupado estos días». ¿Pero me van a conceder el préstamo o no?, se preguntaría usted con toda la razón, a lo que el horóscopo permanecería mudo porque no da más de sí el pobre. Si yo dirigiera un periódico, mañana mismo contrataría a un analista de datos para inaugurar cuanto antes la nueva sección.

De nada.