En qué momento los políticos (servidores públicos, no lo olvidemos) decidieron que su principal misión era conseguirse unas vidas holgadas a nuestra costa?

A lo mejor es que salimos de la Dictadura (de la que hace ya más tiempo del que duró aquélla) con la idea de que merecíamos ser tutelados, que éramos incapaces como ciudadanos de tomar nuestras propias decisiones y que por ello alguien debía hacerlo en nuestro lugar, pero no en nuestra representación, sino en nuestra dejadez. Nos creíamos libres, pero torpes, y por eso aceptamos que algunos de nosotros, no más preparados aunque sí más espabilados y sin escrúpulos, sabrían más y mejor cómo dirigir la nación.

Y ahí empezó el mangoneo: buscaron (y encontraron) cómo sacar el mejor provecho personal, cómo cobrar comisiones, colocar a los colegas y a la familia, asegurarse un puesto tras otro, viviendo en una burbuja de privilegios y trinque que les desconecta de la vida real, de las necesidades de los ciudadanos.

¿Por qué asumimos con normalidad que un político multiplique por 30 su patrimonio? ¿O que siga cobrando de una eléctrica después de haber dejado un cargo? ¿Que manejen presupuestos milmillonarios sin tener experiencia ni conocimientos? ¿Cuántos vuelven a sus puestos de trabajo con sus sueldos anteriores? ¿Por qué nos exigen para trabajar una formación que ellos jamás tuvieron? Lo de hacer el ridículo en la tele a base de programas de cocina o de cotilleo, o de pseudotertulias que alimentan su ego, también es para llorar.

"¿Por qué asumimos con normalidad que un político multiplique por 30 su patrimonio?"

Y lo curioso es que han conseguido convertir a la mayoría de los españoles en unos hinchas de sus partidos. No importa tanto perder si el otro pierde también; no se busca el bien común, sino que el adversario (que en eso nos han convertido) se hunda aunque nos arrastre a todos detrás, un «soy de cualquier equipo que gane contra el Barsa», o algo así.

Y al final todos a hacer puñetas, la sociedad española en general, de derechas, izquierda o mediopensionistas. Porque la clase política no está a lo nuestro, señoras y señores, está mayoritariamente a lo suyo. Pero lo que es triste es que sigamos buscando excusas para lo que perpetran los nuestros, mientras señalamos con el dedo exactamente lo mismo en los de enfrente. A ver si es que somos bastante gilipollicas.

*Periodista