No sé si se conocen aquel dicho popular de «leña al mono que es de goma» , si no lo conocen se lo explico, en breve, porque además se puede extrapolar a muchos ámbitos cotidianos, no sólo el educativo, y ahí me quedo por ahora. Si cuanto más acostumbras al mono a recibir palos, más palos recibirá, total, es de goma, no se queja, y nadie se entera de sus quejas. Y esa es la concepción de muchos de nuestros políticos, gobernantes, o dirigentes, aunque la historia no va con la política en mayúsculas, repito, por ahora, que ya nos vale seguir siendo de goma con la que está cayendo y la que se nos avecina, entre otras cosas con el precio del gas, no de la luz, ríanse de ella. 

Va con la política en minúscula y concretamente con los abusos, que de este tiempo a esta parte se están produciendo en el ámbito docente, donde pareciera que tenemos la obligación de acatar cada vez más responsabilidades y trabajo pero sin reconocer ni el trabajo ni las responsabilidades, total, siempre hemos sido monos de goma, a los que se les puede pedir y exigir, e incluso quitar, sin que de ellos salga el, creo ya necesario, ¡no!, hasta aquí hemos llegado.

"La Consejería de Educación pretende que asumamos dos programas y una instrucción sin más"

Nuestra Consejería de Educación, y creo que en su mayoría en buen criterio, está adoptando medidas en los centros que pueden ser beneficiosas, nadie lo duda, e incluso algunas necesarias, pero como algunos y algunas no han pisado desde años un centro educativo, y los/as hay que nunca, e incluso algunos y algunas que hasta hace poco lo han estado, y no sólo en centros educativos, en la otra parte, la de la defensa de los trabajadores, ahora en la parte contraria, obvian que nuestra vocación, dedicación al trabajo, a nuestros alumnos y a sus familias y el deber ante nuestra administración, tienen un límite, el que pasa del trabajo a la explotación.

La ciudadanía en general desconoce estos hechos, pero ya va siendo hora que alguien lo diga y lo denuncie, por si alguno o alguna vuelve a decir lo bien que vivimos los docentes. 

Aquella idea del maestro que se dedicaba a enseñar de 9.00 a 14.00 horas y se volvía a su casa es un espejismo de tiempos muy lejanos. Cada vez que enseñamos tenemos que justificar por cada alumno y por escrito, qué, cómo y cuándo, en tiempo real y secuenciado. Para evaluar lo mismo, para promocionar igual, para no hacerlo, multiplícalo, pero para eso multiplica del resto, que te justifiquen, equipos, juntas y equipos. Eso sin contar las cada vez más frecuentes adaptaciones curriculares y singularidades de nuestros alumnos que hay que programar, justificar y sin formación, formarnos en nuestro tiempo libre. Ni qué decir del confinamiento, y de nuestra adaptación, repito, voluntaria y vocacional. Además desarrollamos, programas, proyectos, experiencias, actualizaciones de currículos, consejos escolares, reuniones, talleres, e incluso organizamos excursiones. No olvidemos, rellenar libros, actas, sesiones y cada tutoría. 

Todo eso, para que lo sepan, se ha ido añadiendo a la idea primigenia que los ciudadanos tenían de los docentes, pero los docentes han ido sumando responsabilidades, atribuciones y trabajo con una consejería que consciente, ha ido dando leña, pensando que somos de goma, y encima nos sisan el 2%.

Lo último que nos ha puesto en pie de guerra son dos programas y una instrucción de obligado cumplimiento, que repito, son beneficiosos, pero que pretenden sean asumido sin más, sabiendo que ya estamos desbordados, sumándose al cansancio y aprovechándose de nuestra vocación y condición de funcionarios. 

Repito, hasta que la cuerda se rompa, que no somos de goma, y está a punto de romperse.