Opinión | Encerado y clarión

Semana de terror y calabazas

Es lo que tienen estas fechas de calabazas y golosinas conseguidas con el famoso «truco o trato» anglosajón, que cuando uno importa otra tradición, ya no tiene solución, y del abuso de calabazas y golosinas, sólo se saca una mala digestión. Y es que llevamos dos semanas que pareciera que en honor al Halloween español, que nuestra política se hubiera llenado de trucos y tratos, de calabazas y para los ciudadanos de a pie, de terror.

Por desgracia es que uno se acostumbra a «tó», a seguir por veinte años recibiendo calabazas, comiéndonoslas por obligación, y a una golosina, pero sólo en el «tramo Plasencia-Badajoz». 

"Truco sin trato en la facturación que cada día hace más terrorífica la iluminación"

Pero las calabazas no sólo han sido en la región. Hoy mismo hemos conocido dos de máxima expectación a las más altas esferas políticas de nuestra nación una que reciben con «alarma» pero sin «excepción», bueno, o con «excepción», la otra a nuestros ayuntamientos que sin plusvalía ven sus arcas vacías sin remisión. 

Calabazas ha habido hasta en la más idílica y reciente historia de amor, pues con «Trabajo» y «Vivienda», quieren en la relación, cambiar de posición. No digamos de las calabazas recibidas por alguno que queriendo con truco «acercar el terror» pretendía alcanzar un trato con deshonor, y que esperemos no se cumpla, sin trampa ni cartón. Calabazas también para aquel que en marchas y protestas su particular Halloween celebró y que ahora parece que sólo la festividad de «los Santos» celebró, aunque los calbotes parece que no son de su devoción.

Truco sin trato en la facturación que cada día hace más terrorífica la iluminación, el tiempo de cocción o la refrigeración, ya temblando estoy sólo con pensar en la calefacción. 

En fin, ya va siendo hora de volver a nuestras costumbres sin más dilación, dejar los disfraces de fantasmas y brujas en un rincón, que los tratos no lleven trucos, que las calabazas más pesadas, las que siempre se llevan los mismos, los de abajo, dejen de cortarnos la respiración y que las golosinas no sean para comprar una voluntad o una decisión en aras de una futura votación.

Olvídense del Halloween anglosajón, que para sustos ya nos llevamos los españoles un montón, y no es el miedo ni digno de celebración ni propio de nuestra condición, aunque la costumbre nos haya hecho un poco remolón a la hora de la reivindicación.

Feliz Día de todos los Santos, en recuerdo de los de arriba, pero también a los de abajo.