Hoy he visto unas cebollas que no eran cebollas, eran perlas amplificadas; y una rama de sauce que no era simple hojita de un árbol, que era un pincel, porque en las manos apropiadas, no todo es tal y como se muestra, sino que trasciende.

Una mirada lenta sobre las cosas nos convierte en testigos escogidos para tener acceso al más allá, por ejemplo, a ver una perla amplificada donde sólo hay una triste cebolla, o ver un pincel de pintor, una pluma de escribir donde hay una ramita de sauce.

A esto lo llamo poética de la vegetación. También puede ser que llevo días pisando buena hierba, que como bien saben, significa estar contenta, de buen humor. No deja de ser un fenómeno extraño el sentirse bien por unas horas; nos hemos acostumbrado tanto a dilatar la melodía de la melancolía que una ya no sabe explicar por qué de repente hay algodón en esta asomada paciente y consentidasobre el mes de enero. Hay un esparcimiento del corazón agotado de caminar entre las zarzas.

Una espera que sea invierno cuanto antes para perderse en los abrigos, esas prendas apiladas que parecen señores enfadados dentro del armario. Quedan pocos días para que llegue el verano con su derroche de fatiga y pesadumbre mientras la ilusión panorámica del frío se desvanece. Conviene que el invierno encuentre pronto el camino de vuelta a casa, que abra las cancelas del campo y encienda la inmensidad de una hoguera en el vientre de la madrugada.

Aún así, este verdor que llegacomo un alba impensada o una golondrina repentinaa nuestraventana, nos da felicidad, nos hace extrañar el roce de un copo de nieve y guardar finalmente en la caja de los juguetes el abatimiento… a ver si así se le acaban las pilas y se apaga.

Vuelvo a las cebollas que hoy percibo distintas, como si fueran en verdad esas perlas amplificadas y veo en ellas la tierra roturada, granitos dorados que sobresalen como si ella misma y sin permiso hubiera traído del campo chispazos del crepúsculo; como si el hombre agricultor que la sembró hubiera pasado la noche en vela refrescando capa a capa hasta el latido más profundo.

"Han vuelto a llover hostilidades sobre los hombres del campo. ¡Feliz Año Nuevo! Otra vez la espina en la carne"

Han vuelto a llover hostilidades sobre los hombres del campo. ¡Feliz Año Nuevo! Otra vez la espina en la carne. Esos que irritan el tuétano andan removiendo en las sobras algún que otro hueso.

El soniquete político se extiende, ¡agua vaaaa!, como cuchilla afilada por granjas, corrales, lecherías, graneros y mataderos.Una vez más los estribillos que exhala por su boca el maestro del cante ¡sin gran merced! trepan hasta la rampa delicadísima donde se separan los hombres de las marionetas. Sólo los hombres llegan hasta arriba, el resto…

¡Váyanse hasta el infinito! Y si no, la álula del viento se los lleve.El alfabeto del cielo es tan sabio como suave.

Invitaría al señor del cante y las otras señorías a presenciar el trabajo que realizan en tan duras condiciones estos hombres, los hombres… Sería una afirmación de la vida y un acto de inspiración. Por desgracia, pisar jardines es lo que hacen con gran soltura e indolencia como si en ellos no estuviera sembrado el sustento diario de semilla y de futuro.

Mejor volver a las perlas amplificadas y desear vivamente aquello mismo de Freud, morir rodeado de belleza: “Estoy, dijo el neurólogo, más interesado en esta flor que en cualquier otra cosa que me suceda después de muerto; las flores no tienen ni carácter ni complejidad”.

La tranquilidad de ánimo es aquella que nos alcanza un día inesperado, un día de sol en el que más que profundizar en la cebolla, en su simple forma esférica, en su penetrante olor y el aluvión de lágrimas que te provoca, de repente ves ahí una enorme perla amplificada que deslumbra en la cocina.

Poética que apacigua el atabal de la política. 

*Periodista